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Justicia

Jueces de paz, una profesión en peligro de extinción

El Ministerio de Justicia,en su Anteproyecto sobre los servicios judiciales, prevé la desaparición de los Juzgados de Paz y su sustitución por oficinas de justicia. Este hecho ha contribuido al levantamiento de los jueces de paz, como es el caso de Dolores Porrino, una vecina de Cuevas de San Marcos que lucha por la supervivencia de este órgano judicial ya que, tal y como indica, es «parte y memoria de nuestros pueblos»

Dolores Porrino al centro de la fotografía durante una manifestación. Amanda Pinto

Los Juzgados de Paz son órganos judiciales unipersonales con jurisdicción en aquellos municipios en los que no existe un Juzgado de Primera Instancia e Instrucción, es decir, aquellos de menos de 7.000 habitantes. En la actualidad dan servicio a más de 14 millones de habitantes en España, sin embargo, se enfrentan a un futuro cada vez más incierto.

Pero, ¿qué es un juez de paz? Puede que sea un término algo desconocido para los jóvenes lectores, sin embargo, es probable que alguna vez se haya acudido a ellos sin saberlo. Entre sus funciones están todas aquellas relacionadas con el Registro Civil (nacimientos, matrimonios y defunciones), además, también ayudan a resolver conflictos entre vecinos, celebrando actos de conciliación que evitan muchos juicios.

Dolores Porrino es una de las pocas juezas de paz que aún quedan en España. Desde hace más de veinte años, desarrolla su función en Cuevas de San Marcos y por sus manos han pasado cientos de historias que le han permitido «ser quién es hoy en día».

Su aventura comenzaría a principios del año 2000, cuando un amigo de la familia le propuso presentarse a la elección del juez de paz del pueblo. «Me explicó que, dado que yo había estudiado Derecho y residía en el pueblo, me consideraban una persona muy idónea para el cargo», por lo que pronto comenzaría a trabajar en el juzgado.

Ahora, 20 años después, Dolores hace un balance de todo lo vivido, y recuerda con apego e ilusión los momentos más emotivos como jueza de paz.

«Sin duda, la faceta más bonita y gratificante es la de oficiante de bodas. Mucho amor he visto yo en primera persona, mucha felicidad y alegría», comenta mientras se le dibuja una sonrisa en la cara. Además, tal y como explica la jueza, la importancia de esta profesión reside en la cercanía con las personas, ya que, con frecuencia, facilitan los acuerdos en conflictos vecinales.

«A lo largo de estos años he aprendido que hay que saber ganarse el respeto de las personas escuchando, implicándose en sus problemas, buscando soluciones con ellas; debes empatizar con ellas, estableciendo vínculos de confianza, entenderlas, no juzgarlas, ponerlas cara a cara para hacerlas dialogar», explica.

En el discurso de Dolores, no falta la reivindicación en la lucha por la permanencia de los juzgados de paz, que en los últimos años han perdido gran parte de sus competencias. El Ministerio de Justicia, en su Anteproyecto sobre los servicios judiciales, prevé su desaparición para sustituirlos por oficinas de justicia, algo que podría ser cada vez más inminente.

«Los jueces y juezas de paz no entendemos que quieran sustituirnos por funcionarios extraños y ajenos a las necesidades de los vecinos de nuestros pueblos», denuncia Dolores. «Nos negamos rotundamente a que se siga perjudicando a esa España vaciada limitando aún más servicios básicos para la ciudadanía. El Juzgado de Paz es la memoria de un pueblo».

Ahora, los jueces de paz miran con incertidumbre su futuro, que cada vez es más incierto. «Me niego a pensar que vamos a desaparecer. Dos siglos de historia deberían pesar», concluye con contundencia la jueza de Cuevas de San Marcos.

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