Una gran labor de ganchillo de casi un kilómetro con los motivos más variopintos se ha convertido estos días en el colorido toldo que, además de dar sombra, decora una de las calles principales del municipio de Alhaurín de la Torre a tan sólo 18 kilómetros de la capital de la provincia.

Hacer realidad esta singular cubierta ha requerido de varios millones de nudos de croché y de meses de intenso trabajo de un grupo de diecisiete tejedoras, de entre 60 y 90 años, que han logrado aunar en una misma iniciativa -ejemplo de economía circular- tradición y modernidad.

Este artístico proyecto arrancó en 2019, el año anterior a la pandemia, en el área de Medioambiente del ayuntamiento alhaurino donde plantearon la idea de sustituir los toldos de plástico que se ponían en algunas calles del pueblo en la época estival -y que había que renovar cada año- por otros que se pudiesen utilizar varias temporadas.

Durante ese año, un pequeño grupo formado por ocho mujeres fue confeccionando con los distintos paños de ganchillo que darían vida al primer toldo de croché de la localidad y que ya esa misma primavera cubrió alrededor de cien metros de la calle Málaga.

Varias de las tejedoras de la labor de ganchillo que, además de dar sombra, decora una de las calle principales de Alhaurín de la Torre: Dora Nogales (i), Anita Navarta (c), Josefa Mancera (d) y Felisa Reina (2d) junto a la técnico de Medioambiente de Alhaurín, Ana Rosa Luque (2i). Esther Gómez

Aunque “nada que ver con lo que hay ahora”, comenta la técnico de Medioambiente del ayuntamiento, Ana Rosa Luque, que espera que en 2023 se supere el kilómetro, y mientras lo dice en su cara se dibuja una gran sonrisa que refleja la satisfacción por el inesperado resultado de un proyecto del que, sin duda, se siente muy orgullosa.

Este año, además, han incorporado decenas de paraguas -también de croché- en otra de las vías del casco antiguo, la calle Ermita, donde las alegres sombrillas que lucen en la parte de arriba dibujan en el suelo una sinuosa senda de siluetas y sombras que va cambiando a lo largo del día hasta desvanecerse tras la puesta del sol.

La bandera de España, la de Andalucía o la de Ucrania, el escudo de Alhaurín, los colores de las hermandades de su Semana Santa, un puzzle y hasta un tetris son, junto a flores, pájaros o figuras geométricas, los motivos que el paseante descubre al alzar la cabeza y contemplar las diferentes piezas que, unidas todo en uno, conforman el gran toldo.

Faltaban apenas unos minutos para la una del medio día y en Alhaurín -como en la mayoría de los pueblos del litoral malagueño- luce un sol de justicia y hace un calor que pide a gritos ponerse a buen recaudo y resguardarse de sus intensos rayos.

Al final de la calle Málaga, sentadas en un banco de hierro forjado esperaban -compartiendo confidencias y deseando mostrar su trabajo- Anita Navarta, Trini Fernández, Felisa Reina, Josefa Mancera y Dora Nogales que a sus 86 años es la más veterana del grupo y una de las primeras en incorporarse al proyecto de la cubierta de ganchillo.

Ellas son las artistas, “las verdaderas estrellas” de una producción que no deja indiferente a nadie, apunta Luque, y que nudo a nudo, punto a punto, ha logrado sacar a la luz y poner en valor un arte centenario que, además de servir de entrenamiento y potenciar la destreza mental y manual de las tejedoras, permite reciclar prendas de lana o hilo viejas y reducir el uso de plásticos.

Josefa presume orgullosa de haber confeccionado ella sola seis paños y dieciocho sombrillas, las demás asienten y se ríen, -“es una maquina”, dicen-; mientras Anita muestra el corpiño de croché que lleva puesto, el bolso y la funda que le ha hecho a su móvil -muy práctica cuando vas de viaje, asegura-.

Trini ha sido de las últimas en llegar, no es tan diestra con esto de la aguja -confiesa- pero está encantada de colaborar; Felisa lleva en el móvil la foto de un vestido de croché y Dora sonríe al comentar que sus nietas dicen que quieren aprender a hacer ganchillo pero, como casi toda la gente joven, “ven esto como algo antiguo y no tienen paciencia”.

En la visita faltaron gran parte de las tejedoras y la profesora -una de las impulsoras de esta iniciativa-, Eva Pacheco, que no había podido llegar a la cita aunque inevitablemente su nombre fue mencionado una y otra vez en boca de sus aplicadas alumnas.