En 1993, unas catas mineras en un imponente cerro próximo a Teba rompieron parte de una muralla de principios del siglo VI antes de Cristo. El Ayuntamiento de Teba paralizó las catas y comenzó el lento resurgir del ‘oppidum’ (‘ciudad’ en latín) íbero del cerro de Los Castillejos, que controlaba todo el valle bajo del Guadalteba y del que ya se conocían restos en décadas anteriores.

Esta loma, comenta el arqueólogo Eduardo García Alfonso, experto en el mundo prerromano y director de la primera excavación, en 1993, es en realidad un contundente espolón a poco más de 600 metros sobre el nivel del mar con 700 metros de largo y entre 50 y 60 de ancho. «Suficiente para un poblado ibérico», resalta.

Vista aérea de la terraza superior de Los Castillejos de Teba. Archivo Eduardo García Alfonso

En las cuatro hectáreas del ‘oppidum’, defendido por grandes murallas, algunas de las cuales todavía exhiben hasta tres metros de altura, el arqueólogo destaca que lo esperable es toparse con «la estructura de una calle central, con casas a los lados y a lo mejor algunas calles subsidiarias», sin descartar alguna casa más grande, «la del aristócrata o linaje principal que controlaba el asentamiento».

Gracias al interés del Ayuntamiento de Teba y la Asociación Para la Defensa del Patrimonio Histórico de Teba Hisn Atiba, con el apoyo de las universidades de Málaga y Granada, en 2019 se organizó en el pueblo el I Simposio de Historia en el Territorio del Guadalteba, dedicado Las sociedades íberas: Historia y Arqueología, cuyas actas se han recogido en un libro presentado la pasada primavera. En el simposio el protagonista principal fue este yacimiento íbero en el municipio de Teba.

Responsables del Museo Histórico Municipal de Teba y de la Asociación Hisn Atiba, con Eduardo García Alfonso y el volumen del I Simposio de Historia en el territorio del Guadalteba. A.V.

Pero sin duda Los Castillejos, al igual que los hallazgos ibéricos en Cártama, el Cerro de la Tortuga en Málaga capital, Aratispi o Fuengirola evidencian que buena parte de la Málaga íbera está por descubrir y puede haber importantes sorpresas en el futuro en nuestra provincia.  

El que el periodo íbero sea tan ignoto para el gran público malagueño lo explica el arqueólogo: «En Málaga hay patrimonios muy potentes, periodos como la prehistoria, el mundo fenicio, el romano o el medieval islámico y digamos que hay que competir con esos ‘pesos pesados’».

Como destaca Eduardo García Alfonso, uno de los descubridores de la famosa Tumba del Guerrero en Málaga capital, el mundo ibérico se forma entre finales del siglo VI y comienzos del V antes de Cristo y sobrevive hasta el siglo I después de Cristo, «hasta la época augustea».

Lo llamativo es que ese mundo ibérico nace ya muy influenciado por la colonización fenicia, presente desde el siglo IX a.C.

«Cuando los fenicios llegan al sur y levante peninsular se encuentran una gente con un desarrollo tecnológico y cultural en la Edad del Bronce Final y con poco contacto con el exterior», recuerda. Los fenicios, sin embargo, están más avanzados, rompen el aislamiento «y la sociedad autóctona sufre un proceso de adopción de elementos fenicios, de aculturación».

Vista del alzado de la muralla y un torreón ibérico en Los Castillejos. Archivo Eduardo García Alfonso

Entre las novedades que trajeron los fenicios se encontraban nada menos que el hierro, la cerámica a torno, la economía de escala y una sociedad muy estratificada.

Ese proceso de aculturación durará tres siglos, explica el experto, y así el mundo ibérico es el resultado de esa interacción: «Es la misma gente, la sociedad autóctona, pero la evolución tecnológica y cultural ha sido espectacular», detalla.

Además, el mundo ibérico surge en un periodo, finales del siglo VI a.C., en el que la pujanza por los cambios que trajeron los fenicios y el consiguiente aumento de recursos y de la demografía colapsan: «El sistema ha alcanzado su límite de producción y los poblados, distribuidos en las tierras de cultivo sin ningún tipo de fortificación, a lo mejor tres o cuatro cabañas donde vive un grupo familiar, se abandonan y surgen los ‘oppida’» ( ‘ciudades’ en latín), explica Eduardo García Alfonso.

Una sociedad guerrera

Es decir, se abandonan los núcleos dispersos por lugares en alto y fortificados como Los Castillejos, que como otros ‘oppida’ controlan el territorio circundante. Y lo hacen con el empleo de la fuerza: «La sociedad íbera es guerrera, los íberos son señores de la guerra, que se convierte en una actividad económica muy lucrativa; se vive del comercio y de la agricultura pero también del saqueo, de someter a poblaciones vecinas y que te aporten tributos».

Piezas arqueológicas localizadas en Los Castillejos, entre ellas el famoso carnero y un gran exvoto antropomorfo, en una vitrina del Museo Histórico Municipal de Teba. A.V.

Pero además, en esa sociedad el papel de la mujer es fundamental: «Hay un régimen mixto patrilineal y matrilineal con un fundador o fundadora de determinado linaje», destaca, aparte de remarcar su participación central en el ritual social y ceremonial. Una prueba de todo esto la encontramos en la necrópolis de La Noria, en Fuente de Piedra, con un túmulo central en el que están enterradas dos mujeres, «posiblemente las fundadoras de ese linaje, pueden ser madre e hija», apunta, al tiempo que señala que podrían ser sacerdotisas, en un mundo antiguo en el que lo sagrado «es fundamental» y el paisaje, «un paisaje sagrado que te da una explicación de todo, porque sin lo sagrado no entiendes el mundo».

Sondeo final con niveles ibéricos. Archivo Eduardo García Alfonso

En abril-mayo de 2019 se realizó una nueva campaña de excavaciones en Los Castillejos, con Eduardo García Alfonso como director científico. «Se ha excavado muy poco, sabemos que hay algún tipo de templo de época romana», informa.

En el año 1994 se localizó de forma fortuita, fuera del ‘oppidum’, un exvoto antropomorfo, así que no sería improbable hallar en el entorno un espacio sagrado ibérico, «porque sabemos que muchos santuarios están extramuros». Antes, en los años 70, en la parte baja de Los Castillejos se encontró un famoso carnero de piedra, una pieza funeraria de la que se dio noticia en la entonces recién nacida revista universitaria Baetica y es la portada del libro de actas del simposio de Teba.

Cuando al arqueólogo se le pregunta si en el futuro Teba podría contar con una ciudad íbera tan conocida como la ciudad romana de Acinipo lo es para Ronda no duda en contestar que sí, pero precisa: «A lo mejor pasan 30 años o más».  

Equipo de excavación de Los Castillejos en 2019, durante un almuerzo. Archivo Eduardo García Alfonso