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‘Feudo’ el docudrama de cine de Villanueva de Cauche

Ser el último reducto feudal de Europa ha llevado a Villanueva de Cauche, pedanía de Antequera situada en el paraje natural del Puerto de las Pedrizas de Málaga, a ser objeto de grabación de una película sobre la vida cotidiana de sus 70 vecinos que, en plena era digital, tratan de huir del fantasma del feudalismo que les impide desarrollarse, centrándose en la etapa de la infancia en el entorno rural y en el fin de esa niñez

Instantes del rodaje. | L.O.

Cada vez que iba de camino a Málaga y pasaba por el Puerto de las Pedrizas, la vista y el pensamiento del guionista de televisión, Javier Barón, se detenían en una pequeña pedanía de Antequera: Villanueva de Cauche. Le llamaba «mucho la atención» ese pequeño núcleo poblacional de 70 habitantes situado en mitad de unos de los nudos de comunicación de carreteras más importantes de Andalucía, y entre trayecto y trayecto, no podía quitárselo de la cabeza. Y así hasta que conoció más de su historia y descubrió que, ese viejo caserío construido por los antiguos trabajadores del Cortijo-Palacio de los Marqueses de Cauche, fue el último feudo de Europa. Decidido, Barón le comentó a su productora que ese pueblo podía ser objeto de grabación y para su sorpresa, no dudaron en darle la razón.

De esa casualidad y acuerdo nació el proyecto ‘Feudo’, una película documental que, a raíz de esta curiosidad, cuenta la vida diaria de una serie de personas que viven en plena era digital, tratando de huir del fantasma del feudalismo, lo que les impide desarrollarse a pesar de ser una zona bien comunicada. La historia parte del fin del régimen feudal en 2015, cuando el pueblo consiguió la segregación. Y es que, hasta esa fecha, sus habitantes tenían que pagar una especie de diezmo por seguir viviendo en sus casas. Vecinas del pueblo aún recuerdan tener que llevar, como pago del alquiler, dos gallinas a las últimas marquesas que habitaron el palacio, Carmen y Teresa de Rojas. Esta circunstancia se alargó hasta la muerte de Teresa en 2002 y los moradores de las casas no pudieron regularizar su situación hasta hace 7 años. «Se trata de un docudrama. Se sitúa entre el documental y la ficción, no hay totales ni entrevistas, sino que hemos realizado un seguimiento de la vida de los personajes en la actualidad», explica el director del largometraje. Los propios vecinos son los que protagonizan la historia, entre ellos, Óscar, un joven de 11 años enamorado del campo que tiene claro que de mayor quiere ser cabrero. O Marta, su hermana, apasionada del baile urbano. Así como Fran, su mejor amigo, que viaja cada día a Benalmádena para conseguir ser algún día futbolista profesional. También destaca Andy, exmilitar británico que compró una casa en Cauche para vivir como un nómada digital o Isabel, una señora de 92 años que, con su risa y su cante, llena todo el cuadro con su sola presencia. «El resto de habitantes del pueblo participan en tramas secundarias», puntualiza.

La película se centra en el desarrollo de la infancia en el entorno rural y en el fin de esa niñez. «Ahora que se habla mucho del despoblamiento rural y de la necesidad de volver al campo, reivindicamos que no se está cuidando este tipo de vida, que forma parte del ecosistema del que nace un tipo de persona con un talento y una visión que, por ejemplo, no tienen los de ciudad. Hay mucha gente que le gustaría seguir viviendo en su pueblo, pero las dificultades le obligan a decidir», manifiesta.

El documental, creado por Hurí TV con la producción ejecutiva de Julián Hidalgo, ha terminado esta semana su grabación y estará listo a finales de noviembre. El siguiente paso será darle vida y recorrido en los festivales venideros para llevarlo luego a las salas de cine. Aunque en principio «pensamos en algo más sencillo, al final decidimos hacer algo grande y arriesgado, ya que presentamos el proyecto a diferentes convocatorias de ayudas y conseguimos financiación, la parte más difícil», señala. Además de grabar en Villanueva de Cauche, también han contado con otras localizaciones de la provincia como Antequera, Benalmádena, Colmenar, Torremolinos, Benajarafe o el estadio de La Rosaleda, denotando así un carácter «muy malagueño».

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