Semana Santa
La Pasión de Casarabonela: El umbral hacia lo sagrado
La Semana Santa comienza con fuerza en la Sierra de las Nieves. En Casarabonela hay un lugar donde el tiempo parece suspenderse. Es la antigua parroquia de Santiago, cuyas naves acogen cada año La Pasión, un auto sacramental que trasciende lo escénico para adentrarse en lo espiritual, lo simbólico y lo humano

La Pasión de Casarabonela / Antonio Montero

Todo arranca con un gesto sencillo y poderoso: cruzar la puerta de Santiago que mira a salida del sol. A partir de ahí, el espectador entra en un espacio donde la luz, la música y la palabra construyen una atmósfera mística, casi teresiana, que invita no solo a mirar, sino a sentir y a cuestionarse.
«Frente a la intemperie del desierto —explica su director, Pedro Olalla—, el vendaval de luz de unos músicos llenará de trascendencia las naves de la iglesia de Santiago». Una declaración que anticipa uno de los pilares de esta edición: la música como refugio y sacudida.

En La Pasión, el sonido no acompaña, atraviesa. Se convierte en relato, en memoria, en conciencia. / Antonio Montero
En La Pasión, el sonido no acompaña, atraviesa. Se convierte en relato, en memoria, en conciencia. «Muchos viajes se narran desde los sonidos y las voces», apunta Olalla, que define este proyecto como un ‘amarcord’ colectivo, un regreso constante a lo esencial. La edición de 2026 refuerza esa apuesta con la presencia de la voz profunda de Irene Delclós, que regresa para envolver la escena en una dimensión casi litúrgica. Pero no será la única. «La Pasión llevaba años preparando el terreno para el brutal desembarco de una música en directo que nos proteja y defienda de nosotros mismos», afirma Olalla. No es una frase casual: la música aquí se plantea como un acto de resistencia frente a la autocomplacencia, el conformismo y la parálisis moral.
Desde un «Carmen Doloroso sacro y jazzístico a la vez» hasta el «grito desgarrado y primigenio de Bonela Hijo», la obra construye un viaje sonoro que sacude al espectador y lo arrastra hacia un territorio emocional intenso, casi incómodo. Un recorrido que culmina en «un Calvario monumental con aires de Luisiana», una reminiscencia jazzística donde tradición y modernidad se encuentran sin concesiones.
Este auto sacramental no busca recrear sin más el relato evangélico. Su objetivo es otro: interpelar al hombre contemporáneo, remover las conciencias y a su vez calmar a base de golpe de realidad, a aquellos que no sienten, que no ven, que no se encuentran en la realidad de estos días.
Y en ese camino, la propuesta de Olalla se vuelve claramente reivindicativa. Cada escena, cada silencio, cada imagen —cuidadas con un lenguaje visual de enorme potencia— funciona como un espejo en el que el espectador se reconoce… o se incomoda. Porque aquí no hay respuestas fáciles. Hay preguntas. Preguntas directas al corazón y a la psique de aquellos que se enfrentan cara a cara con la realidad de nuestros días. Materialidad no muy opuesta a nuestra vida actual. Sobre la fe, sobre el poder, sobre la fragilidad humana. Sobre una sociedad que, como sugiere el propio montaje, corre el riesgo de instalarse en la comodidad de lo ya conquistado.
La fuerza de lo femenino
En ese universo simbólico, la mujer ocupa un lugar central. No como figura secundaria del dolor, sino como eje emocional y espiritual. Madre, conciencia, resistencia. Una madre muy reconocida, que interpreta desde los inicios en la mitad de los años 80 del pasado siglo Pilar del Río, que trasmite personalidad, fuerza, ternura, dolor y a su vez esperanza.

La Pasión de Casarabonela rescata esa dimensión profunda de lo femenino que conecta con la mística. / Antonio Montero
La Pasión de Casarabonela rescata esa dimensión profunda de lo femenino que conecta con la mística: el amor como forma de conocimiento, la entrega como camino hacia lo trascendente. Una presencia que sostiene el relato y lo eleva. Pero más allá de su carga estética y filosófica, esta Pasión es también un acto colectivo. Vecinos que se convierten en actores, en portadores de una tradición viva que el municipio cuida con celo. Cada representación convierte el templo en un espacio compartido donde lo artístico y lo comunitario se funden. Donde no hay distancia entre escenario y vida.
Este 2026, además, la obra se cerrará con una novedad que refuerza su carácter monumental. «Dos coros, Coral Promúsica y Lyrica Ensemble, 16 voces en vivo y en directo, pondrán el broche de oro a un relato monumental», adelanta Pedro Olalla.
Un cierre que no será solo musical, sino emocional. Porque cuando las luces se apagan en la antigua iglesia de Santiago, lo que queda no es únicamente la memoria de una representación. Es la sensación de haber atravesado algo. Algo que habla del hombre, de lo sagrado, de la duda y de la necesidad —cada vez más urgente— de mirarse por dentro.
- La vecina desahuciada por el IMV rechaza acudir a la Oficina del Derecho a la Vivienda pese a la oferta del Ayuntamiento de Málaga
- El IMV ofrece un alquiler social por cuatro años en Huelin a la familia que acampa en el Ayuntamiento y que será desahuciada mañana
- Málaga adelantará el verano con el anticiclón de las Azores de escudo
- Málaga activa en Ciudad Jardín una nueva bolsa de 108 viviendas con 35 VPO en Marqués de la Paniega
- Marbella anuncia la construcción de un centro comercial y un hotel en dos importantes proyectos urbanísticos
- Denuncian ante el Defensor del Pueblo un proyecto de restaurante en el paseo marítimo de Pedregalejo
- El mejor gazpachuelo de España lo hace Frutos Jiménez en Rincón de la Victoria
- Salesianos sacará en procesión por primera vez la Santa Cruz Torre del Ángel en Capuchinos