Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Salud

Qué riesgo tiene bañarse en una piscina con E. coli o contaminación fecal: síntomas, protocolo y cuándo puede reabrir

La presencia de restos fecales en el agua obliga a cerrar la instalación, retirar los residuos, desinfectar y comprobar que los parámetros vuelven a la normalidad antes de permitir de nuevo el baño.

Piscina de Alhaurín de la Torre.

Piscina de Alhaurín de la Torre. / L.O.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Alejandro González

Alejandro González

Málaga

El cierre de cuatro piscinas municipales en Alhaurín de la Torre ha vuelto a poner sobre la mesa los riesgos de entrar en contacto con agua contaminada con materia fecal y la necesidad de actuar con rapidez. La presencia de bacterias como E. coli puede indicar contaminación fecal y, aunque no siempre implica que todas las personas expuestas vayan a enfermar, sí exige activar los controles y protocolos de desinfección antes de permitir de nuevo el baño.

Qué puede pasar si se traga agua contaminada en una piscina

El principal riesgo se produce al tragar agua contaminada, aunque sea en pequeñas cantidades, según explica la doctora Anna Bernad, médico de Familia del Hospital Internacional HM Santa Elena. En ese caso, pueden aparecer síntomas digestivos como diarrea, vómitos, dolor abdominal, fiebre o malestar general, especialmente si en el agua hay bacterias, virus o parásitos asociados a contaminación fecal.

En la mayoría de los casos, estos cuadros suelen ser leves y se resuelven en pocos días, pero no siempre es así. Los niños pequeños, personas mayores, embarazadas y pacientes inmunodeprimidos tienen más riesgo de sufrir complicaciones, sobre todo por deshidratación o por infecciones más severas.

La piscina e Torrealquería, en Alhaurín de la Torre.

La piscina e Torrealquería, en Alhaurín de la Torre. / L. O

Por qué el cloro no elimina todos los riesgos al instante

El cloro es eficaz frente a muchos microorganismos cuando se mantiene en los niveles adecuados, pero no actúa de forma inmediata contra todos los patógenos. Algunos gérmenes pueden sobrevivir minutos, horas o incluso días en el agua, según el microorganismo y las condiciones de la piscina.

Uno de los casos más resistentes es el parásito Cryptosporidium, que puede permanecer activo durante días incluso en agua correctamente clorada. Por eso, una incidencia fecal en una piscina pública no se resuelve solo con retirar el residuo visible: es necesario aplicar una desinfección completa y comprobar después la calidad del agua.

Síntomas a los que conviene prestar atención

Tras una posible exposición a agua contaminada, los síntomas más habituales son diarrea, náuseas, vómitos, dolor de estómago, fiebre o cansancio intenso. Si aparecen, lo recomendable es evitar volver a la piscina y extremar la higiene para no transmitir la infección a otras personas.

Se debe consultar con un profesional sanitario si los síntomas son intensos, si hay fiebre alta, sangre en las heces, signos de deshidratación o si la persona afectada pertenece a un grupo vulnerable. En menores, mayores o personas con defensas bajas, una gastroenteritis puede evolucionar con más rapidez.

Qué protocolo debe seguir una piscina contaminada

Ante una incidencia de contaminación fecal en una piscina pública, la medida inmediata debe ser el cierre de la instalación al baño. Después, se retiran los residuos, se ajustan los parámetros del agua, se revisa el pH y se aplica el tratamiento de desinfección correspondiente.

En los casos de mayor riesgo, como una contaminación asociada a diarrea, puede ser necesaria una hipercloración durante varias horas para garantizar la eliminación de microorganismos más resistentes. También deben revisarse los sistemas de filtrado, realizar el lavado a contracorriente cuando proceda y dejar constancia del incidente en el registro de mantenimiento.

Cuándo puede reabrir una piscina tras detectar E. coli

La reapertura no debe depender solo del paso de unas horas, sino de que los controles confirmen que el agua vuelve a ser segura. Para ello, es necesario comprobar que los parámetros físico-químicos y microbiológicos se encuentran dentro de los valores exigidos.

Hasta que esos resultados no son correctos, mantener la piscina cerrada es una medida de prevención. El objetivo es evitar que bacterias, virus o parásitos permanezcan en el agua y puedan afectar a los bañistas, especialmente en instalaciones con alta afluencia de niños y familias durante los meses de verano.

Tracking Pixel Contents