Anillamiento de flamencos
El anillamiento de los flamencos de Fuente de Piedra cumple 40 años: “Somos unos privilegiados”
Más de 400 voluntarios, entre vecinos del municipio, expertos y colaboradores procedentes de Doñana, Córdoba o Valencia, han participado en la captura, identificación, pesaje y extracción de muestras de los pollos

Ana I. Montañez

Aún no han dado las seis de la mañana cuando cinco frentes de un ejército de más de 400 voluntarios se adentra en la Laguna de Fuente de Piedra. En silencio, armados con una caña y envueltos en la oscuridad que precede al crepúsculo, hunden los pies en el fango de esta reserva natural, en la que habita una colonia de más de 35.178 parejas de flamencos, la cifra más alta desde que se tienen registros.
Es probable que los moradores de esta joya natural, laguna de reproducción del flamenco por excelencia, ya intuyan que la mañana va a ser movida, especialmente para los más jóvenes, las crías que han nacido esta temporada, que este año superan los 15.500, la tercera cifra más alta de la historia de este enclave. Es el inicio de un dispositivo que se lleva preparando durante meses, el anillamiento de los flamencos, una actividad que ha cumplido 40 años con la laguna en su máximo esplendor gracias a las lluvias del otoño y el invierno.
Mas de 400 voluntarios asisten al anillamiento de pollos de flamencos en la Laguna de Fuente de Piedra / Álex Zea
Cuando despunta el alba, los pollos ya están acorralados por los participantes, entre los que figuran vecinos de Fuente de piedra pero también expertos y colaboradores procedentes de la Estación Biológica de Doñana, del Zoo de Córdoba o del Oceanogràfic de Valencia.
Poco a poco, cada frente va cerrando el cerco tanto por el norte como por el sur, el levante, el poniente y la zona de salinas, evitando todo lo posible que las crías más sagaces consigan burlar la cadena humana y huir lejos del corral donde serán capturados. En este combate al alba, pintado por un amanecer anaranjado que se derrite en el agua, veteranos y novatos coinciden en señalar que es difícil acostumbrarse a su belleza, así como a la sensación de que, por una vez, el ser humano puede hacer algo bien por la naturaleza.
“Somos unos privilegiados”, confiesa a este periódico Araceli Garrido, bióloga y técnico de la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, una de las responsables de la dirección del dispositivo. “Por poder acceder a una reserva natural y participar en un evento científico. Además que tanta gente quiera estar aquí, porque podemos organizar lo que queramos, pero sin voluntarios no podríamos”.
Desde el primer anillamiento en 1986, en la Laguna de Fuente de Piedra se han colocado más de 20.000 anillas, cuya información se ha leído y consultado por investigadores y observadores de más de 23 países del Mediterráneo y el noroeste africano gracias a una base de datos común que todos van alimentando. “Yo he visto este año criando a una hembra que tenía 47 años”, sostiene Araceli, que explica que la laguna funciona como una suerte de ONU o comunidad internacional, ya que en ella conviven flamencos franceses, portugueses, italianos, turcos o argelinos. “Y eso lo sabemos por las anillas”.
Una cadena de montaje
Una vez que los pollos están recogidos en el corral, los voluntarios se dividen en seis grupos que funcionan como seis cadenas de montaje independientes, con el objetivo de que los pollos estén el menor tiempo posible capturados y, sobre todo, en manos humanas.
Los portadores se encargan de coger a las crías y llevarla a cada una de las estaciones en las que son anilladas, con una anilla metálica y otra de plástico -una especie de DNI que identifica al ejemplar en concreto-, se miden alas, tarso y pico, se pesa y, si se considera conveniente, se extrae sangre y otras muestras para el estudio de enfermedades como, por ejemplo, la gripe aviar.
En este trabajo de campo hay, además, un pequeño hospital en el que los veterinarios atienden a los animales que estén lesionados o presenten cualquier tipo de patología. Cuando el ejemplar pasa por todas las estaciones, un equipo de suelta lo devuelve a la laguna. “Ese es el momento más bonito, cuando los sueltan y salen volando”.
A lo largo de las últimas cuatro décadas, este minucioso proceso en el que trabajan mano a mano veterinarios, biólogos y amantes de la naturaleza, solo se ha visto interrumpido por los graves períodos de sequía que dejaron a la laguna sin agua y, por tanto, sin opciones para la reproducción, así como los duros años de la pandemia.
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