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Agricultura

El intenso calor quiebra las perspectivas al alza de la vendimia en Málaga

El optimismo que existía en la Axarquía se ha esfumado por pérdidas de hasta el 40% que en los últimos días ha sufrido la uva moscatel

El desarrollo de las tareas propias de la vendimia en la localidad axárquica de Moclinejo.

El desarrollo de las tareas propias de la vendimia en la localidad axárquica de Moclinejo. / L. O.

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Fran Extremera

Fran Extremera

El campo de la comarca de la Axarquía y de buena parte de la provincia se enfrenta a un giro dramático e inesperado al inicio de una de sus tradiciones más ancestrales: la vendimia de la uva moscatel. Las previsiones meteorológicas y el impacto acumulado de las altas temperaturas han dinamitado las excelentes expectativas que el sector vitivinícola manejaba a principios de este mismo verano.

Lo que prometía ser la campaña de la resurrección hídrica tras años de asfixiante sequía se ha transformado de la noche a la mañana en una situación de extrema urgencia. Según los primeros balances de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja) en Málaga, el calor extremo y los continuos episodios de terral han provocado una severa deshidratación del fruto, "amenazando con reducir hasta en un 40% la producción inicialmente prevista de la icónica uva moscatel de Alejandría".

Unas previsiones que aventuraban hasta mejoras del 15% sobre la media histórica

Este adverso escenario contrasta frontalmente con la radiografía que a este diario emitían los expertos en la materia hace muy pocas semanas. La perspectiva de la campaña se abordaba desde un prisma radicalmente distinto. El sector respiraba aliviado gracias a la tregua climatológica invernal y primaveral. De hecho, el Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen "Málaga" y "Sierras de Málaga" destacaba que las lluvias acumuladas desde el otoño se habían situado alrededor de un 15% por encima de la media histórica.

VENDIMIA EN MOLLINA. Vendimia. Vendimiadores. Racimos de uvas moscatel. Campo, vides

Una imagen de archivo de una anterior vendimia en la provincia. / L. O.

Con estos datos sobre la mesa, en julio los portavoces sindicales manifestaban que el viñedo malagueño "recuperaba pulso" y se apuntaba hacia una vendimia global de 2,6 millones de kilos de uva. Aquella radiografía permitía hablar de "un prudente optimismo". Sin embargo, el propio organismo regulador ya dejaba caer una advertencia velada que hoy cobra el valor de una profecía amarga: las temperaturas medias ya se situaban entre uno y dos grados por encima de lo habitual y los primeros golpes de terral comenzaban a limitar de forma silenciosa el engorde de las bayas.

Las reiteradas olas de calor y las noches tropicales han arruinado esas buenas perspectivas

La realidad sobre el terreno ha terminado por imponer su ley más dura. El calor prolongado de las últimas semanas ha sometido a las cepas a un fortísimo estrés térmico y abiótico, reduciendo drásticamente el contenido de agua de las uvas justo cuando se encontraban en su momento más sensible del ciclo productivo. El presidente de Asaja en Málaga, Baldomero Bellido, alega que los agricultores "habían afrontado esta campaña con unas expectativas mejores que las del año pasado y, a las puertas de la recolección, el efecto de las altas temperaturas ha cambiado por completo el escenario".

Esta organización agraria ya se ha puesto en contacto con la Delegación de Agricultura de la Junta de Andalucía para exigir una valoración técnica oficial y objetiva sobre el terreno. El objetivo es evaluar el alcance real de los daños y diseñar de forma urgente medidas de apoyo e indemnizaciones para un sector que carece de margen de maniobra. Las primeras voces de alarma e indignación han brotado directamente del corazón geográfico del cultivo: los municipios de Iznate, El Borge y Almáchar.

Pasero en la Axarquía.

Vista de un conjunto de paseros en la comarca malagueña de la Axarquía. / L. O.

Una comarca que aún mantiene una cuota económica muy importante en los viñedos

Para los productores de estas tres localidades axárquicas, así como para los de municipios como Cómpeta o Sayalonga, la uva moscatel no representa únicamente una actividad económica complementaria. Es el auténtico andamiaje de su subsistencia social, de su demografía y de su identidad cultural, como atestiguan fiestas patronales y tradicionales que se extienden también hacia Moclinejo y otros municipios de la comarca.

Hablar de Almáchar o de Iznate es evocar un paisaje esculpido por paseros y lagares, donde las familias se transmiten de generación en generación el arte de cultivar la tierra en pendientes de vértigo. En estos pueblos blancos de herencia morisca, la uva es el nexo de unión de la comunidad. La pérdida de casi la mitad de la cosecha implica un golpe directo a la economía doméstica de cientos de familias que dependen del jornal diario de la vendimia y de la posterior comercialización de la uva pasa y de sus característicos vinos dulces.

Paseros de las Bodegas Almijara de Cómpeta

Paseros de las Bodegas Almijara de Cómpeta / L.O.

De la protección que impuso la declaración como Sipam a la realidad de estos últimos tiempos

Este revés climático vuelve a poner de relieve la imperiosa necesidad de dotar de herramientas de protección reales a un ecosistema agrícola que es único en el mundo. No en vano, la uva pasa de la Axarquía cuenta desde hace años con el reconocimiento como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (Sipam), otorgado en su día por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Esta distinción internacional no se concedió como un mero título honorífico, sino como un escudo para preservar una "agricultura heroica".

El Sipam ampara un modelo de cultivo totalmente artesanal, sostenible y respetuoso con el medio ambiente, donde la mecanización es imposible debido a las inclinaciones extremas del terreno y donde todo el proceso, desde la corta del racimo hasta el tendido al sol en los paseros y el despalillado manual, se realiza a fuerza de brazos y con la ayuda de animales de carga.

A juicio de los regidores y dirigentes locales, con la crisis climática actual se demuestra que las figuras de protección internacional se quedan cortas si no van acompañadas de una implicación institucional firme. La uva moscatel de la Axarquía está librando por el momento una batalla desigual contra el termómetro. Salvaguardar este patrimonio vivo, que evitó el éxodo rural en muchos municipios durante décadas, permitirá que la Axarquía pueda seguir resistiéndose a ver morir, definitivamente, sus milenarias raíces.

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