Historia
La publicación cultural Turóbriga celebra tres décadas custodiando la memoria de El Burgo
La histórica publicación cultural alcanza treinta años de trayectoria ininterrumpida y convierte sus páginas en un archivo único de la historia, la cultura y la identidad burgueña
Por sus páginas han pasado personajes, acontecimientos, tradiciones, fotografías, investigaciones y testimonios que ayudan a comprender cómo ha evolucionado el pueblo

De izquierda a derecha, Juan Francisco Ríos Cabrillana, presidente de la asociación; Juan Espinosa, investigador y escritor; el hijo y la mujer -Elena- de Joaquín Beltrán; Rogelio Malavé, sobrino de Juan Ríos Cantarero; Yaiza Romero y Fernando Ramos, investigador y escritor. / RAQUEL MARÍA RUIZ SIERRA

Hay publicaciones que se leen y se olvidan. Y hay otras que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en memoria. Turóbriga pertenece a estas últimas. La publicación cultural impulsada por la Asociación Sociocultural Turóbriga de El Burgo alcanza su número 30, treinta años después de aquel primer ejemplar que vio la luz en 1996 y que abrió un camino que, contra viento y marea, ha llegado hasta nuestros días.
Aunque popularmente se la conoce como revista, Turóbriga es, por su concepción y formato, un auténtico libro anual de la memoria burgueña. Treinta ediciones consecutivas —a las que se suman tres números especiales— han convertido sus páginas en un extraordinario fondo documental sobre El Burgo, sus gentes, sus tradiciones, su patrimonio y su historia.

Varias ediciones de la publicación. / Raquel María Ruiz Sierra
No es sencillo que un proyecto cultural de ámbito local sobreviva tres décadas. Mucho menos cuando detrás no existe una estructura empresarial ni grandes recursos económicos, sino el trabajo desinteresado de personas que han dedicado horas, conocimientos y esfuerzo a una causa común: evitar que la historia de un pueblo termine perdiéndose en el olvido.
378 historias para entender un pueblo
Los números hablan por sí solos. Turóbriga ha publicado ya 378 artículos, sin contabilizar las memorias de la propia asociación, los trabajos de otras asociaciones y hermandades, ni los pregones de Semana Santa e Infantil, de Gloria o de la recreación histórica Pasión Bandolera.
En sus páginas han escrito o colaborado alrededor de 75 autores, algunos de ellos vinculados al proyecto prácticamente desde su nacimiento. Es el caso de Juan Espinosa y Fernando Ramos, presentes desde aquel primer número, y de tantos otros investigadores, historiadores, aficionados y vecinos que han ido aportando piezas a un gigantesco mosaico de la identidad burgueña. Pero además de pueblos como Casarabonela, Alozaina y Yunquera.
Juan Espinosa recuerda aquellos primeros pasos como algo casi espontáneo: «Nada programamos». Todo surgió, explica, a raíz del libro sobre la historia de El Burgo escrito por José María Gómez Teruel, principal impulsor de aquella inquietud cultural. A partir de entonces, un grupo de burgueños comenzó a hacerse preguntas, buscar documentos, investigar y tirar de los hilos de una historia que todavía tenía muchas páginas por descubrir.
Y así nació Turóbriga.

Portada de la edición 2026 (30 aniversario) dibujada por Miguel Merchán Toledo. / l.o.
Mucho más que una revista
El resultado es hoy un patrimonio documental de enorme valor. Por sus páginas han pasado personajes, acontecimientos, tradiciones, fotografías, investigaciones y testimonios que ayudan a comprender cómo ha evolucionado El Burgo y, en buena medida, la propia comarca.
«Porque El Burgo no es únicamente un bandolero, un río, un dique, un comandante, unos senderos o unos pinares. El Burgo es cultura y Turóbriga enseña al verdadero El Burgo», se recordó el presentador del número 30.
Esa ha sido precisamente una de sus grandes aportaciones: ampliar la mirada sobre el municipio y demostrar que la identidad de un pueblo también se encuentra en sus pequeñas historias, en sus personajes anónimos, en los recuerdos familiares, en las costumbres y en acontecimientos que quizá nunca ocuparán los grandes titulares, pero que explican quiénes somos.
Con el paso de los años, cada ejemplar ha dejado de ser simplemente una publicación para convertirse en una cápsula del tiempo. Lo que ayer parecía una historia local puede convertirse mañana en una fuente imprescindible para investigadores, estudiantes o vecinos que quieran conocer sus raíces.
Una portada, una firma y una peculiaridad
Turóbriga tiene, además, unas señas de identidad que la hacen fácilmente reconocible. Una de ellas está en su portada. Cada año, la publicación recurre a un dibujo realizado a lápiz o carbón por Miguel Merchán Toledo, una apuesta artística que se ha convertido en parte inseparable de su personalidad.
Y existe otra singularidad: en el interior del libro no hay fotografías ni dibujos. Todo el protagonismo corresponde a la palabra y al conocimiento.
Es una declaración de intenciones. Turóbriga no pretende competir con la inmediatez de las redes sociales. Su objetivo es otro: investigar, documentar y dejar constancia.

Portada a color -la única de toda la serie-, dedicada íntegramente al Comandante Benite. / l.o.
Treinta años después, una presentación diferente
La celebración de este trigésimo aniversario el presentador también quiso romper con la tradición y no solo ser la única voz y creó una tertulia abierta. Hasta ahora, la asociación invitaba habitualmente a una persona conocida para desgranar las páginas durante la presentación. En esta ocasión, el formato dio protagonismo a quienes realmente construyen la publicación: sus autores.
Ante un salón de actos de la Peña Flamenca La Serrana lleno de público, fueron Juan Espinosa, Fernando Ramos y Juan Jesús Ruiz junto a el presidente de la asociación Juan Francisco Ríos Cabrillana, quienes explicaron en primera persona sus trabajos y su relación con Turóbriga.
La presentación se convirtió así en una conversación sobre pasado, presente y futuro. Una tertulia en la que se habló de la necesidad de mantener viva una iniciativa que, precisamente por su longevidad, necesita ahora afrontar nuevos desafíos.
El presidente de la Asociación Sociocultural Turóbriga, Juan Francisco Ríos Cabrillana, puso sobre la mesa una de las principales preocupaciones: la financiación.
La publicación cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de El Burgo, «pero necesita más recursos para garantizar su continuidad. La asociación ha llamado a las puertas de instituciones como la Diputación Provincial de Málaga y la Fundación Unicaja, sin obtener hasta ahora la respuesta esperada, y ha llegado incluso a concurrir al Premio de Cultura Garrido Moraga», explico Ríos Cabrillana.
«Necesitamos financiación», se puso de manifiesto durante un coloquio que dejó claro que mantener durante treinta años una publicación de estas características es también un ejercicio de resistencia cultural.
El gran reto: encontrar relevo
Pero existe una preocupación todavía mayor: el relevo generacional.
Fernando Ramos lo expresó con claridad: «No hay relevo generacional en la redacción». La asociación necesita encontrar la manera de acercarse a los jóvenes y conseguir que un proyecto basado en la investigación y la escritura resulte tan atractivo para ellos como internet.
Es, probablemente, el gran desafío de Turóbriga para los próximos años.
Porque conservar la memoria también significa conseguir que haya alguien dispuesto a continuar escribiéndola.
En esa búsqueda de nuevos autores, Juan Francisco Ríos Cabrillana lanzó además una invitación especialmente significativa a las mujeres de El Burgo y de otros municipios: «Todo el mundo tiene algo que contar», animándolas a participar y a incrementar su presencia en las páginas de la publicación.
Una mirada al futuro que no olvida tampoco a quienes hicieron posible el nacimiento del proyecto. Durante la presentación se reivindicó especialmente la figura de José María Gómez Teruel, cuyo trabajo e inquietud intelectual estuvieron en el origen de aquella aventura editorial que hoy cumple tres décadas.
Reconocer a quienes llevan El Burgo consigo
La celebración del número 30 incorporó además otro elemento que ya forma parte de la actividad de la asociación: el reconocimiento ‘Descendiente Burgueño Relevante’, creado en 2025 para distinguir a personas vinculadas a El Burgo cuyos méritos merecen el reconocimiento colectivo.
En esta ocasión, una de las distinciones recayó en Yaiza Romero González, por su trayectoria académica y su compromiso con la conservación de la naturaleza, pero especialmente por el comportamiento heroico que protagonizó durante el naufragio sufrido en las Islas Galápagos en 2022. En aquel episodio, Yaiza y sus compañeras, además de luchar por su propia supervivencia, auxiliaron a otros náufragos y contribuyeron al rescate de once personas.
La segunda distinción tuvo un carácter especialmente emotivo. Joaquín Beltrán Berrocal fue reconocido a título póstumo por su actuación durante la tragedia del vertedero de Zaldíbar, donde perdió la vida en febrero de 2020. Ante el derrumbe, alertó a sus compañeros y priorizó la seguridad de los demás antes que la suya propia.
La medalla fue recogida por su esposa, Elena, y su hijo, en uno de los momentos más emocionantes de la jornada.
Finalmente, se reconoció a Manuel Ríos Cantero como porque representa a toda una generación de burgueños que, desde muy jóvenes, tuvieron que emigrar para buscarse un futuro sin renunciar nunca a sus raíces. Su vida de esfuerzo, sacrificio, trabajo y honradez, desarrollada lejos de El Burgo, estuvo siempre acompañada de un profundo amor por su pueblo, que transmitió también a sus hijos y que quedó especialmente reflejado al pregonar las fiestas de San Agustín en 2008. Su trayectoria constituye un ejemplo de superación, fidelidad a sus orígenes y orgullo de ser burgueño, manteniendo durante toda su vida el vínculo con la tierra que lo vio nacer.
Son reconocimientos que conectan con la filosofía de Turóbriga: rescatar del olvido, poner en valor y reconocer a quienes, de una u otra manera, forman parte de la historia de El Burgo.
Una calle para los Defensores de Igueriben
La asociación mantiene además viva otra reivindicación histórica. Sus miembros, con Fernando Ramos a la cabeza, vienen solicitando al alcalde de Málaga la restitución en la capital malagueña de una calle dedicada a los Defensores de Igueriben.
Una petición que vuelve a demostrar que el compromiso de Turóbriga no se limita a publicar anualmente un libro sobre El Burgo. También pretende defender y reivindicar la memoria de aquellos burgueños y malagueños que forman parte de una historia que merece ser conocida.
El futuro
Treinta años después de aquel primer número, Turóbriga ha conseguido algo que parecía difícil: hacer de la memoria una tradición. Tres décadas de investigaciones. 378 artículos. Cerca de 75 colaboradores. Doce especiales. Decenas de historias recuperadas. Personajes rescatados. Documentos conservados. Testimonios que no se perderán.
Pero el verdadero valor de Turóbriga no está únicamente en lo que ya ha publicado. Está en todo aquello que todavía queda por contar.
Porque mientras haya alguien dispuesto a investigar, alguien que conserve una fotografía antigua, alguien que recuerde una historia familiar o alguien que se pregunte qué ocurrió antes de que llegáramos nosotros, habrá una razón para seguir escribiendo.
Treinta años después, Turóbriga sigue custodiando la memoria de El Burgo. Y ahora el reto es conseguir que las nuevas generaciones quieran convertirse en sus próximos guardianes.
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