La Primera República española fue algo muy confuso y la Segunda estaba abocada al fracaso, reflexiona Joseph Pérez (Laroque dÓlmes, 1931), historiador francés, de padres valencianos, que recibirá el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales de este año previsiblemente de manos de doña Leonor, para destacar a continuación el papel del rey Juan Carlos y añadir que en Francia se vive lo mismo que con Rajoy en España con la excepción del problema separatista. La edad, el cansancio y cierta decepción por el auge republicano, «sentimiento que siempre ha existido en España», han hecho mella en don Juan Carlos, quien como hiciera en el siglo XVI Carlos I, deja a su hijo una compleja herencia, cuyo reto consiste en mantener la unidad de España, añade este gran experto en el Cardenal Cisneros, a quien dedica su última obra. Pérez da por zanjada la «leyenda negra de España», se queja de que la política se haya convertido en Europa en un oficio para los políticos y duda de que Carlos de Gales llegue pronto al trono del Reino Unido.

Señor Pérez, ¿cómo se imagina que será el acto de recepción de su premio Príncipe de Asturias de este año de manos de la Princesa de Asturias doña Leonor?

Supongo que será un acto muy bonito y será un honor recibir el premio de manos de la nueva Princesa de Asturias. Me parece una muchacha encantadora y seguro que es muy inteligente. El mero hecho de recibir un galardón como este es un honor de por sí.

¿Qué semejanzas y diferencias encuentra usted entre la abdicación de don Juan Carlos y la de Carlos I, las dos únicas en la Historia de España que previsiblemente se producirán con una cierta normalidad, digámoslo así?

Carlos I de España y V de Alemania estaba muy enfermo y cansado a pesar de no tener más de 57 años. Para nosotros ahora esa edad es perfecta, pero no antes. Carlos I se encontraba viejo y además decepcionado por los dos principales fracasos de su vida: no haber sabido detener el avance turco ni haber podido restaurar la cristiandad en el imperio.

Don Juan Carlos parece también algo cansado, ¿verdad?

Pero no está en la misma situación que Carlos I. Don Juan Carlos ha tenido sus problemas, tanto en España como en Europa, pero no fracasos del calibre de los de Carlos I.

Carlos I alegó que se encontraba muy enfermo para ceder su corona. ¿Por qué cree usted que renuncia don Juan Carlos?

Más que la enfermedad, a Carlos I le pudo el cansancio. Yo no tengo ni idea de por qué ha abdicado don Juan Carlos pero es cierto que en ocasiones se le ha visto cansado. Ya ha cumplido 76 años y ha sufrido algún que otro achaque de salud que seguro que han mermado su disponibilidad. Es normal que el Rey esté cansado tras 39 años de reinado y quiera jubilarse.

Pues no le veo yo a usted, que es mayor que el Rey, con ninguna gana de jubilarse.

Es que yo no soy rey y no tengo que responder a obligaciones políticas o protocolarias. Si un día me quiero levantar más tarde de la cama lo hago y no tengo que dar explicaciones a nadie. La diferencia entre las responsabilidades de don Juan Carlos y las mías es grande.

¿En que se parecerán Felipe II y Felipe VI, como sucesores de dos reyes españoles que han decidido renunciar al trono?

Ambos tienen que hacer frente a una sucesión delicada y además son hijos de unos reyes con gran personalidad. Ponerse a la altura de estos dos reyes es ya de por sí una tarea impresionante. Felipe II se sintió siempre obligado a seguir los pasos de su padre y con Felipe VI ocurrirá algo parecido. Le perseguirá durante tiempo la sombra de su padre. Si Felipe II pretendió reconciliar el imperio con la cristiandad, Felipe VI tendrá como ejemplo a don Juan Carlos, principal artífice de la reconciliación de España con Europa y con la democracia.

¿Cuál es la reconciliación que deberá liderar Felipe VI?

Felipe VI será responsable de mantener la unidad de España y esa no es una tarea fácil. Heredar y suceder a un padre como don Juan Carlos es también difícil porque él llegó a la Corona en el momento adecuado aunque aupado por el franquismo y supo adaptarse a los cambios constitucionales y políticos que le exigía España.

Le agradecería que como hispanista e hijo de españoles que ha seguido desde París el reinado de don Juan Carlos me hiciera un balance de esta época.

Durante los primeros meses de reinado, Juan Carlos era para los franceses la creación de Franco, un continuador del franquismo. Esto fue una losa que pesó en el Rey durante un tiempo pero pronto demostró que sabía lo que quería y supo responder a lo que se esperaba de él tanto en España como en el resto de Europa. Juan Carlos dejó pronto de ser el heredero de Franco y se convirtió en el Rey de todos los españoles. Este ha sido su principal logro. Supo reinventarse en árbitro que no tomaba más partido que por la democracia. También asumió la Constitución de 1978 en la que dejaba de ser soberano porque la soberanía pasaba a ser de la nación y de su representación parlamentaria. Ha sido un buen Rey y por eso ha sido tan popular.

No tan popular en los últimos años, ¿no?

Le han afectado los problemas que ha habido en su familia y en su vida privada.

¿Cree que esos problemas han sido los principales detonantes de su renuncia?

A veces la explicación más sencilla es la más correcta. Seguro que con 76 años a cuestas pensó que era la hora de dar el relevo a otra generación, a su hijo, que por lo que tengo entendido es un hombre muy preparado y que ya tiene 46 años. Felipe VI está en edad de heredar.

Oiga, mayor es Carlos de Gales y aún no ha heredado el trono del Reino Unido.

Don Juan Carlos afortunadamente no ha querido seguir los pasos de la Reina Isabel. ¡Pobre Carlos! Debe de ser horrible estar esperando a heredar y no gozar de ningún privilegio. El Rey de España lo ha hecho muy bien porque es ley de vida el que los hijos sucedan a los padres. Le recuerdo que el Papa Benedicto XVI también abdicó.

¿Cómo se ve hoy a España desde Francia?

España es una nación como las demás y sus problemas son muy similares a los que tenemos en Francia con una única excepción: el problema del separatismo y, sobre todo, la deriva independentista que ahora enarbola el Gobierno catalán. Ese separatismo no existe en Francia y no se plantea de forma seria en ninguna otra nación de Europa.

¿Qué cree usted que está pasando en Cataluña?

No me explico lo que sucede en Cataluña y eso que soy plenamente consciente de que las naciones no son eternas. En el caso de la Península Ibérica hubo una época, hasta el siglo XVII en la que todos se consideraban españoles. A finales de ese siglo, los portugueses se separaron.

¿Puede ocurrir ahora lo mismo con Cataluña?

Yo pensaba que la mayor parte de los catalanes se consideraban españoles. Lo que habrá que ver ahora, sin entrar en si es bueno o malo el convocar un referéndum, es si tanto han cambiado y creen que no tienen nada que ver con el resto de los españoles. Si es así podrían separarse pero España no sería España. Es normal que los que se sienten discriminados quieran separarse.

¿Ve usted discriminados a los catalanes?

Visto desde fuera dudo que los catalanes puedan decir que están sometidos o discriminados por el resto de España. Hay una cosa que es la discriminación real y otra el sentimiento de ser discriminado. Yo veo que en Cataluña hablan su propia lengua, se respetan sus tradiciones y nadie les prohíbe escribir en catalán.

¿Cuál es la leyenda negra que nos atribuyen hoy a los españoles?

Afortunadamente la leyenda negra es algo del pasado que impulsaron los países anglosajones para desprestigiar a las naciones católicas y latinas. Los anglosajones propagaron la creencia ideológica de que el progreso iba de la mano de la Reforma.

Y ¿no ha ido en cierta medida el progreso más ligado a esas naciones reformistas que las que optaron por la Contrarreforma?

Eso es otra cosa. Los anglosajones decían que las naciones que se quedaron en el cristianismo de Roma eran inferiores, pero eso pasó hace muchísimos años. Creo firmemente que la leyenda negra se ha superado y creo además que a España se la considera una nación muy digna.

¿Hay algo de leyenda negra en esa creencia de que los ciudadanos del sur de Europa somos más vagos que los del norte?

Los españoles tienen que dejar de creerse esas ideas, esos prejuicios que existen para todas las naciones. Hay que ser español en el mejor sentido de la palabra y no aspirar a ser como otros.

¿Qué quiere decir con español en el mejor sentido de la palabra?

Ser buena persona porque no hay una psicología propia del español como tampoco la hay del francés o del alemán. Lo que hay que desterrar es esa idea que se difundió a partir de finales del siglo XVI y que ponía como seres superiores a los anglosajones. A lo mejor a algún anglosajón aún le condiciona ese pensamiento equivocado de hace ya cinco siglos.

PSOE y PP han salido bastante malparados de las elecciones europeas en España. ¿Cree que la abdicación del Rey está relacionada con la inestabilidad y el creciente republicanismo que pueda producirse en las próximas elecciones municipales y autónomicas?

Es posible, pero quiero recordar que el sentimiento republicano nunca se perdió en amplios sectores de la población española. Ese sentimiento estaba incluso muy presente en los partidos de izquierda que aceptaron a don Juan Carlos como Rey de España.

¿Por qué lo aceptaron entonces?

Porque prefirieron el contenido de la Constitución a la forma de Estado. Lo que vieron fundamental fue afianzar un régimen constitucional tras 40 años de dictadura, pero la idea republicana ha tenido siempre mucho predicamento en España y ahora se produce un resurgir de esa idea.

¿A qué cree que se debe ese resurgir republicano que ha podido influir en la renuncia del Rey?

El Rey ha sufrido un desgaste tras 39 años en el poder. Si a ese desgaste le añadimos los escándalos familiares y los tropiezos personales se produce un caldo de cultivo perfecto para dar impulso a los republicanos. El Rey, ante este auge, habrá querido cortar por lo sano y ceder el mando a su hijo, quien además no está salpicado por esos escándalos.

Dígame, señor Pérez, ¿por qué han fracasado de forma tan estrepitosa las dos repúblicas que ha habido en España?

La Primera República española fue algo muy confuso y la Segunda estaba abocada al fracaso. Hizo reformas muy amplias que no fructificaron por el momento en el que se proclamaron. No hay que olvidar que fueron unos años marcados por la gravísima crisis económica de 1929 y por la proliferación y auge de los partidos más totalitarios. La Segunda República no se pudo desarrollar porque las condiciones no eran favorables.

Crisis económica y auge de partidos totalitarios, un panorama muy similar al de ahora. ¿Tienen algo en común Podemos, la fuerza que acaba de conseguir tan sorprendentes resultados en España, y el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia?

En absoluto. El Frente Nacional se aprovecha de la crítica situación que vive Francia desde hace 10 años para impulsar sentimientos de xenofobia y de desconfianza hacia el extranjero. Afortunadamente no veo nada similar en España, donde proliferan partidos que surgen de movimientos ciudadanos que reclaman una mayor democracia. Son grupos que dejan claro que están hartos de los partidos políticos y que buscan otra forma más transparente y efectiva de hacer política.

Ahora nos dicen que la preocupación de Europa ya no es tanto España como Francia. ¿Cómo lo ve usted?

Sí ahora toca a los franceses. Mire, Europa tal y como funciona hoy en día ha decepcionado a muchos ciudadanos. Pensábamos que Europa iba a ser sinónimo de cultura y de intercambios y sólo se preocupa ahora por intereses económicos que no redundan en una mejora de la calidad de vida del ciudadano de a pie.

En España hay ahora manifestaciones contra la Monarquía porque la ven como causa de los males que ha traído la crisis. ¿A quién echan la culpa en Francia, que es una república?

En Francia le echan la culpa de sus males a los partidos políticos tradicionales porque no han sabido dar respuestas a esas miles de personas que lo están pasando mal. En Francia la política ha dejado de ser un ideal y se ha convertido en un oficio para unos cuantos.

En España se tiene la sensación de que ha ocurrido exactamente lo mismo.

Los ciudadanos ven a los políticos colocando a sus amigos, gastando a mansalva y si preocuparse del bien común. En Francia hemos vivido muchísimos casos de corrupción política, lo que demuestra que España no es el paraíso de los corruptos.

¿Hace Hollande algo diferente de Rajoy ante la crisis y las órdenes que emite Alemania desde Bruselas?

¡Qué va! Aquí todos acatan las órdenes de Merkel. Hollande ha decepcionado mucho a los franceses y cada vez está en peores condiciones para impulsar cambios que beneficien a los ciudadanos.

Señor Pérez, ¿quién ha sido en su opinión el Cardenal Cisneros, un estadista superior a Richelieu según usted, de don Juan Carlos?

Lo siento pero gente como Cisneros nacen muy pocos en varios siglos. España tuvo la suerte de disponer de un hombre de la talla del cardenal Cisneros, el mejor hombre de Estado, y aunque luego ha tenido políticos más o menos hábiles ninguno ha sido de la talla de Cisneros.

Y dígame, por favor, ¿cuál fue el papel del Rey en el controvertido golpe del 23-F, episodio que ahora se pretende reescribir en claves diferentes a las que nos tenían acostumbrados?

El Rey se tomó muy en serio ese día su oficio y demostró que era garante de las libertades democráticas que habían defendido todos los españoles. Lo hizo muy bien y sobre todo desautorizó a aquellos que dieron el golpe de Estado contando que contaban con el beneplácito de don Juan Carlos. Lo que quieran contar algunos ahora es otra cosa, pero lo que sucedió es que el Rey desautorizó y plantó cara a los golpistas y desmontó la operación. Los españoles tienen que estar muy agradecidos por esa determinación responsable de don Juan Carlos.