13 de noviembre de 2020
13.11.2020
La Opinión de Málaga
Patrimonio

Meirás, un lugar para exaltar... a Emilia

Xunta, Sada, Diputación, Real Academia Galega e historiadores ven necesario reforzar las referencias a Pardo Bazán en el pazo tras su entrega al Estado

13.11.2020 | 10:21
Obras en Meirás a finales del XIX, con Pardo Bazán a la izquierda.

"En donde me hallo mejor para sentir esta grata fiebre de la creación artística es aquí, en la vieja Granja de Meirás, en este rincón apacible de las risueñas Mariñas", confesaba Emilia Pardo Bazán en 1902. As Torres, como bautizó esa residencia estival de estilo medieval que ella misma diseñó y en la que escribió la mayor parte de su obra, fue durante su vida "un refugio de la poesía", según recogía una crónica de Luis Antón del Olmet.

Lugar de encuentro de escritores e intelectuales, sus largas tertulias eran famosas: "¡Cómo olvidar aquellos días serenos, en el verano mimoso de Galicia, de la torre de Meirás y aquellas prolongadas charlas de largas sobremesas!", rememoraba un nostálgico Miguel de Unamuno en 1921 con motivo de la muerte de Pardo Bazán.

En aquellos años, nada hacía presagiar que As Torres se convertirían en residencia de Francisco Franco y en uno de los símbolos más potentes la dictadura. La huella de la escritora sigue presente en los detalles ornamentales grabados en la piedra; en la biblioteca que se asoma al Balcón de las Musas; en las escaleras estilo imperio desde las que posaba orgullosa en la boda de su hija Blanca Quiroga, o en la capilla, que conserva el sarcófago en el que quería ser enterrada y que quedó vacío tras su sorpresiva muerte en Madrid.

En las visitas a este Bien de Interés Cultural gestionadas por la Fundación Francisco Franco, se ensalza la figura de esta "mujer extraordinaria" , pero su rastro, presente en los detalles arquitectónicos o en la capilla, se diluye al entrar en el pazo, entre retratos del dictador, trofeos de caza, escenas bélicas y alusiones al "Generalísimo".

La devolución provisional del pazo de Meirás al Estado el próximo 10 de diciembre abre un nuevo capítulo, lleno aún de incógnitas pero con un certeza: es hora de reescribir el relato y hacer protagonista a doña Emilia. Es algo en lo que coinciden instituciones, colectivos por la recuperación de la memoria, asociaciones culturales o historiadores consultados por este diario.

El inventario de bienes que ha ordenado el juzgado revelará ahora qué queda de Pardo Bazán en Meirás. El Concello de Sada ha sido el primero en solicitar la modificación del decreto de declaración de Bien de Interés Cultural del pazo de Meirás en la categoría de sitio histórico para anclar a este espacio toda referencia a la escritora, como la biblioteca que la Xunta declarará BIC por la vía de urgencia. El futuro de estos 3.200 tomos todavía está en el aire. La Real Academia Galega, que ha dedicado casi un lustro a su catalogación, quiere unificar la biblioteca en la vivienda familiar de Pardo Bazán en la calle Tabernas, en A Coruña, donde está la casa museo que custodia ya cerca de 8.000 títulos. El presidente de la RAG, Víctor F. Freixanes apuntaba ayer que, al margen del futuro de la biblioteca, es muy necesario "que se conserve la memoria de Pardo Bazán en el pazo" : "Ella hizo mucha obra allí", incide este escritor, que considera que es As Torres debe tener un futuro como "espacio cultural al servicio de la sociedad gallega". La Consellería de Cultura, que ha pedido al Estado la gestión de As Torres, se pronuncia en la misma línea: "Queremos devolver el pazo a lo que siempre fue, un edificio vinculado con la cultura, cuna de grandes intelectuales", apuntaba la pasada semana su máximo responsable, Román Rodríguez.

La Diputación, el Concello de Sada e historiadores abogan por combinar el recuerdo de Pardo Bazán con la resignificación del pazo como espacio de memoria y reparación. Manuel Pérez Lorenzo, coautor de Meirás, un pazo, un caudillo, un espolio considera que se conservan suficientes elementos de la escritora como para musealizar toda la Torre de Levante, donde se ubicaban las estancias de uso más personal: un espacio que estaba dominado por los libros, incluido el dormitorio, y que coronaba el despacho desde el que Emilia asomaba al Balcón de las Musas y del que, rememoraba en 1939 Manuel Vidal, salía un "tecleteo tan enérgico y rápido que se sentía desde el parque como si estuviese al lado".

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