Han sido más de cuarenta días los que la familia de las niñas desaparecidas en Tenerife han tenido que esperar para saber algo de las pequeñas Anna y Olivia, desaparecidas el pasado 27 de abril junto a su padre, que no las entregó a su madre a la hora pactada. Todo apunta a que Tomás Gimeno, el progenitor, se deshizo de las niñas, de uno y seis años, tras despedirse de todo su entorno y escribir un mensaje a la madre de las menores, Beatriz Zimmerman para dejar una cosa clara: "No las vas a volver a ver en la vida".

Una frase lapidaria que en todo momento, durante todos estos días de investigación, desde el entorno de Gimeno y de la propia Zimmerman han querido unir a una huida a otro país y no al asesinato de las niñas.

A última hora de este jueves, el buque Ángeles Alvariño, del Instituto Español de Oceonografía, localizaba en el mar el cuerpo sin vida de la hermana mayor, Olivia, y se confirmaba la peor de las hipótesis sobre el final de las pequeñas. Hasta este mismo jueves, ninguna persona que hubiera conocido a Gimeno podía pensar que el desenlace fuera tal. No es el primero. La violencia machista se manifiesta de muchas formas, entre ellas, hacer sentir a la pareja o expareja el mayor de los sufrimientos quitándole lo que más quiere. En este caso, sus hijas. No conforme con asesinarlas, Gimeno planeó además el sufrimiento añadido que le han provocado a Beatriz 40 días de búsqueda desesperada.

Desde 2013, han sido asesinados por sus padres o las parejas o exparejas de sus madres 38 menores. Ese año, los niños y niñas entraron en la estadística oficial que arrancó con el recuento de mujeres asesinadas en 2003, que ya suman 1.086. 

Tan solo dos años antes, en 2011, Córdoba vivía uno de los casos más estremecedores de violencia vicaria: el caso de José Bretón . El suceso, en el que el progenitor asesinó a sus pequeños, Ruth y José, para deshacerse después de sus cuerpos en un horno casero, puso en el punto de mira un tipo de maltrato que sobrepasaba los límites de lo establecido. Bretón fue condenado a 40 años después de no reconocer jamás que había acabado con la vida de sus hijos para acabar con la de su madre, separada de él después de sufrir malos tratos continuados. En la ley de violencia machista, los menores asesinados no fueron reconocidos como víctimas hasta el año 2015 pese a la creación de ese listado en 2013. Dos años después, Ruth Ortiz, madre de los niños de Córdoba, con el apoyo de asociaciones de mujeres, consiguió que las madres de esos niños asesinados también fueran reconocidas como víctimas de violencia machista de pleno derecho.

En 2013, otro caso conmocionaba a la sociedad cuando un hombre asesinaba a tiros a sus dos hijos de 5 y 13 años para después suicidarse en Ciudad Real tras comunicarle la madre de esos menores que quería separarse. También mató a su suegra. Tenía licencia de armas y poseía cuatro escopetas y una carabina.

En 2017, un hombre se tiraba al vacío con su hija de solo un año desde el cuarto piso del Hospital de la Paz de Madrid. "Me la has jugado, te voy a dar donde más duele", gritó antes de precipitarse por una ventana a su mujer, presente en la habitación. Ambos murieron. Él tenía denuncias previas por malos tratos interpuestas por otra mujer, con la que había tenido una relación anterior.

En 2018, otro progenitor apuñaló en Castellón a sus dos hijas, de dos y seis años, un mes antes de la vista del juicio de divorcio. Itziar Prats, la madre de las pequeñas, había solicitado al juez medidas cautelares para proteger a las pequeñas, pero nunca llegaron. Y el peor de los desenlaces se confirmó.

Los menores, desprotegidos

Según el último informe del Ministerio de Interior sobre el riesgo que corren menores hijos de víctimas de violencia de género, algo que se incluyó en el protocolo en 2019, hay 397 menores en riesgo medio y 45 en riesgo alto de ser atacados por sus progenitores.

Sin embargo, pese al riesgo innegable para las mujeres y los menores, según fuentes del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), apenas un 3% de los casos de violencia de género termina con la suspensión del régimen de visitas a los padres que han ejercido maltrato. Es más, solo el 5,2% de los jueces ordenan la retirada de la guardia y custodia a los agresores como medida cautelar de protección de los menores. En el caso de Tomás Gimeno no constaban denuncias previas por malos tratos.

"La solución pasa por que la justicia entienda que un maltratador no es un buen padre y si se demuestra que es violento, quede claro que lo es para todo, no solo contra su pareja, sino también sobre sus hijos", explica para 'Público' la psicóloga clínica Sonia Vaccaro. Ella es, precisamente, la profesional que acuñó el término violencia vicaria para dar nombre a un tipo de violencia que se ejerce sobre una persona en sustitución de otra, siendo esta segunda su principal objetivo.

De Bretón a Oubel: el crimen de los hijos como venganza hacia la expareja Aagencia ATLAS / EFE

El caso de Rocío Carrasco

El documental que Telecinco emitió sobre el calvario de Rocío Carrasco es otro claro caso de violencia vicaria, aunque, por fortuna, sin desenlace fatal para la vida de los menores. "Me ha quitado lo más importante que tengo en mi vida. Me los ha quitado, no porque hayan desaparecido, me los ha quitado teniéndolos. Ha hecho que me odien. Que tengan esa imagen de mí. Que es mucho más cruel todavía, si cabe. Yo los he tenido muertos en vida", narra la hija de Rocío Jurado en referencia a su exmarido, Antonio David Flores, que ha sido absuelto por la justicia de varias denuncias que Carrasco ha interpuesto contra él.