La Séptima sinfonía de Gustav Mahler puede ser comparada con un suntuoso tríptico de estructura concéntrica. El panel central tiene dos movimientos de nachtmusik (música nocturna) que enmarcan un fantasmal y pícaro scherzo. En el flanco izquierdo está el primer movimiento; en el derecho, el final, como una especie de contestación al primero. Compuesta entre los años 1904 y 1905, llega casi a la hora y media de duración, estando escrita para una amplísima plantilla orquestal. Fue estrenada el 19 de septiembre de 1908 en Praga por la Orquesta Filarmónica Checa bajo la dirección del compositor.

En grandes rasgos, se puede decir que esta sinfonía es la que plantea mayor grado de modernidad. En un primer momento es complicado apreciar en ella una línea conductora o cierta unidad de intención que puedan justificar la reunión de sus cinco movimientos tan dispares. El compositor, que nunca tuvo reticencias a los excesos, alcanza en esta obra un punto extremo en su evolución creativa.

Tal vez fue arriesgado desde el punto de vista político organizar su estreno en Praga en el marco de una exposición dedicada al emperador Francisco José de Austria, figura que empezaba a ser controvertida en el Imperio austrohúngaro, hecho que no tuvo que lamentar el compositor por el celo y el entusiasmo de los músicos checos y alemanes concitados para la ocasión y durante los quince días que dispuso para los ensayos. Fue aplaudida con más respeto que calor, y la crítica se manifestó sólo con cortesía tanto en Chequia como en Austria.