Dos personajes entran al escenario para hablar el uno con el otro.

Los que hablan pretende reencontrar, borradas todas las pistas, la experiencia del personaje originario del escenario, la experiencia animal del primer hablante. El molde, el maniquí. Presentar ante el espectador seres pre-culturales, siempre frágiles, en la cuerda floja, nunca acabados, antes de conseguir ser alguien. Mostrar al ser humano suspendido, tembloroso. Desposeerlo de esta absurda seguridad que ha obtenido desesperadamente y presenciar gloriosamente sus probaturas, sus honestos fracasos. Darnos el gusto de observar con ternura todo lo que el ser humano ha añadido al alma, por interés del ego. Este es el sacrificio que propone nuestra obra.