Estrenos de series
Crítica de 'Portobello': seis horas de clase maestra de Marco Bellocchio para HBO
Cuatro años después de 'Exterior noche', el gigante del cine italiano vuelve al formato serie para explorar con minuciosidad otro episodio oscuro de la Italia reciente

Fabrizio Gifuni (Enzo Tortora), el Aldo Moro de 'Exterior noche', protagoniza también 'Portobello' / Anna Camerlingo / Warner Bros. Discovery
Juan Manuel Freire
'Portobello'
Dirección: Marco Bellocchio
Reparto: Fabrizio Gifuni, Lino Musella, Romana Maggiora Vergano
Países: Italia / Francia
Duración: 60 min. (6 episodios)
Año: 2026
Género: Drama
Estreno: 20 de febrero de 2026 (HBO Max)
★★★★
'Portobello' es la segunda serie de Marco Bellocchio, leyenda viva del cine italiano, después de la ejemplar 'Exterior noche' (2022), aquella especie de revisión coral y poliédrica de 'Buenos días, noche' (2003), su película sobre el secuestro y asesinato del primer ministro italiano Aldo Moro por un comando de las Brigadas Rojas. Como en aquella, este lúcido octogenario explora un trauma nacional italiano: el arresto, ingreso en prisión y juicio a principios de los 80 de Enzo Tortora, una figura querida e influyente a la que muchos disfrutaron viendo caer injustamente.
El guionista y periodista Tortora (un enorme Fabrizio Gifuni, el Aldo Moro de 'Exterior noche' y el Nino Sarratore adulto de 'La amiga estupenda') se había convertido para muchos en uno más de la familia presentando el programa televisivo 'Portobello', que él mismo creó con su hermana Anna (Barbora Bobulova). El nombre remitía al famoso mercado de Londres donde se venden toda clase de antigüedades. Por el plató pasaba gente presentando sus inventos, mostrando sus habilidades o buscando pareja o el rastro de un familiar. Pero la sección más esperada era el juego del loro, en el que una persona elegida al azar entre el público debía conseguir que el loro Loreto pronunciara el nombre del programa en menos de treinta segundos. La recreación de 'Portobello' sirve a Bellocchio para desarrollar su gusto por el humor absurdo, que puede mostrar incluso en obras de temática severa.
La diversión se acabó antes del inicio de la séptima temporada, cuando Tortora fue acusado de tráfico de drogas y pertenencia a asociación mafiosa a raíz de los testimonios de varios arrepentidos de la NCO, o Nueva Camorra Organizada, el grupo criminal de largos tentáculos fundado a finales de los 70 por Raffaele Cutolo (Gianfranco Gallo). La visión del acusado no es santurrona, sino algo más complejo que no elude aspectos cínicos. Lo que sí intenta es hacernos sentir su desconcierto ante el entuerto en que se ve encerrado; literalmente encerrado, viviendo en una celda con otros cinco presos, todos ellos ahogados por un calor insufrible.
Tomando como inspiración un libro de cartas de Enzo a su compañera Francesca Scopelliti (Romana Maggiora Vergano en la serie), Bellocchio y su equipo de guionistas, que incluye a Stefano Bises ('Exterior noche'), relatan el via crucis del 'showman' con calma y minuciosidad. En el primer episodio conocemos en profundidad las interioridades de 'Portobello', como también la vida en prisión de Giovanni Pandico (Lino Musella), colega y escribano de Cutolo que desarrolla una obsesión insana por el presentador. Junto a su compañero de celda, ha enviado a Tortora unas artesanías y no ha habido respuesta de ninguna clase. La venganza no es tímida, más bien todo lo contrario.
Una vez más, Bellocchio consigue iluminarnos sobre los rincones oscuros de la Italia reciente (o menos reciente, como en el drama conspirativo de época 'El rapto') y nos recuerda los grandes dramas y crisis sociales en que pueden desembocar las pequeñeces humanas. Cada episodio es un festín de detalles brillantes, una hora de clase maestra de un gran observador de las intersecciones entre justicia, política y medios. Mucho se habla sobre los supuestos efectos perniciosos del 'streaming' sobre el cine, pero si la preponderancia de las series significa que obtenemos seis y no dos horas de Bellocchio, igual deberíamos mordernos un poco la lengua.
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