'One Piece' o el desafío de mantener la aventura
El anime original supera ya los mil episodios y, en estas dos temporadas, apenas se ha arañado el centenar

Imagen promocional de la serie 'One Piece' en Netflix. / INFORMACIÓN
José Antonio Martínez Perallón
Con un coste cercano a los 150 millones de dólares por temporada, 'One Piece' se ha convertido en uno de los proyectos más ambiciosos y caros de Netflix, al nivel de superproducciones como 'Juego de Tronos' o 'The Mandalorian' en las plataformas de la competencia. La segunda temporada se estrenó la semana pasada, con la incógnita de si lograría consolidar el éxito de la primera. Los episodios iniciales demostraron que era posible hacer lo imposible: trasladar la magia de los dibujos animados a la imagen real. En el regreso de Monkey D. Luffy y sus piratas de los sombreros de paja, el barco sigue navegando por aguas inexploradas en busca del gran tesoro, sin perder el espíritu de la aventura y confiando en que el viaje llegue a buen puerto. La gran duda es cómo sostener este ritmo: el anime original supera ya los mil episodios y, en estas dos temporadas, apenas se ha arañado el centenar. ¿Llegaremos al final? ¿Tendrá la serie que pisar el acelerador? ¿O llegará un momento en el que el barco naufrague?
Las cifras de audiencia de estos nuevos episodios se han quedado ligeramente por debajo de lo esperado, lo que ha bastado para que a algunos se les enciendan todas las alarmas dada la magnitud del proyecto. Con esperas de dos años entre temporada y temporada y la enorme cantidad de capítulos pendientes, los números no terminan de salir. Aunque también es lógico que haya un descenso entre estrenos, la edad de los protagonistas puede convertirse en un escollo: hace ya tiempo que dejaron de ser adolescentes. Un problema con el que la plataforma ya se encontró en otro de sus grandes éxitos, 'Stranger Things'.
No se puede negar, en cualquier caso, que la serie se mantiene fiel al original hasta el punto de que su creador, Eiichiro Oda, no solo ha dado el visto bueno, sino que es uno de sus principales defensores. El manga ha superado los 600 millones de copias vendidas, así que hay todavía muchos mares en los que seguir navegando antes de pensar en llegar a puerto. La ausencia de violencia explícita la convierte en un título perfecto para ver en familia.
Aunque pueda parecer lo contrario, uno de los elementos que más dispara los costes no son los efectos especiales. Para mantener la espectacularidad, buena parte de los escenarios, incluido el barco pirata, son reales, apoyados después por retoques digitales. La serie mantiene así esa idea de descubrimiento continuo, en la que la tripulación viaja de isla en isla y en cada parada se encuentra con un mundo nuevo, con reglas propias y maravillas inesperadas. Algo muy cercano a 'Los viajes de Gulliver' o, a escala galáctica, a lo que proponía 'Star Trek'. El Grand Line por el que navegan es un territorio inabarcable, lleno de sorpresas visuales y narrativas.
Volviendo al uso del CGI, si Buggy el Payaso fue uno de los grandes aciertos de la primera temporada (y aquí vuelve a dejar huella), el hallazgo más llamativo de esta segunda no viene del lado de los villanos. Se trata de Tony Chopper, ese tierno reno de peluche que nada tiene que ver con esa otra serie de Netflix con ese título pero de resultado más perturbador, y que se incorpora a la tripulación. Su versión infantil funciona como un pequeño milagro digital, tan adorable como Grogu, pero cuando el personaje se transforma en adulto, aparece ese tufillo a videojuego que rompe en parte la ilusión. Quizá porque seguimos prefiriendo su versión más tierna.
En el apartado de villanos, destaca ese monarca de mandíbula metálica que es Wapol, mientras la serie empieza a sembrar el terreno para futuras tramas con la presentación de Nico Robin, un personaje del que ya se intuye un recorrido mucho mayor. Las presentaciones de los miembros de Baroque Works ( ¿es una especie de Ejército de la Cinta Roja de Dragon Ball en clave pirata?) son además uno de los grandes hallazgos visuales de la temporada. Momentos que trasladan ese espíritu comiquero del original y que remiten a propuestas como Scott Pilgrim contra el mundo o incluso a aquellas apariciones de los monstruos mecánicos en Mazinger Z.
La segunda temporada confirma que 'One Piece' sigue siendo una apuesta única dentro del catálogo de Netflix, pero también deja claro que su mayor desafío ya no es creativo, sino industrial. Mantener una producción de este calibre, sostener el interés del público y adaptar una historia casi infinita son retos que van más allá de la propia ficción. El viaje continúa, sí, pero ahora la incógnita no está en el tesoro, sino en la duración de la travesía.
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