16 de julio de 2010
16.07.2010
La Opinión de Málaga
Antequera | Las hermandades de Arriba y Abajo

Correr la Vega: experiencia vital para los hermanacos

La Semana Santa de Antequera se distingue por su absoluto respeto a los cánones, por su importante legado artístico y por tradiciones añejas

02.04.2010 | 11:47
Cuatro tronos de la Paz se reúnen en la plaza de San Sebastián.

La Semana Santa de Antequera es muy rica en tradiciones. Al importante legado artístico que han heredado sus hermandades se unen una serie de ritos que son repetidos cada año por los cofrades de la ciudad del Torcal. Desde la visita matinal a los templos, en el que los hermanacos que por la tarde soportarán sobre sus hombros el peso de los tronos, todo el esquema está repleto de cánones que hay que cumplir.

Sin embargo, entre todos ellos, llama especialmente la atención para el visitante uno: la Vega. Pesados tronos corriendo por empinadas cuestas es sin duda algo peculiar que cada año es vivido con fervor tanto por los que forman parte de los cortejos procesionales como por los ciudadanos que acompañan a las sagradas imágenes.

Su origen es difuso, aunque la versión más extendida y probable se encuentra en el hecho de trasladar a los Cristos y a las Vírgenes hasta los puntos más alto de la ciudad con el objetivo de bendecir las fértiles tierras en las que los vecinos tenían y en buena parte siguen teniendo una de sus principales fuentes de ingresos.

El crecimiento urbanístico hace que hoy en día sea difícil vislumbrar estos campos desde ningún punto del recorrido de las procesiones antequeranas, aunque como tantos otros aspectos que han sido mantenidos por los cofrades y que han ayudado a presentar en pleno siglo XXI una Semana Santa con estampas añejas, esta tradición ha sido respetada por las dos cofradías que hacen su estación de penitencia en la jornada del Jueves Santo, y por dos de las tres que procesionan en la tarde-noche del Viernes Santo.

No obstante, hay que diferenciar las 'vegas' del Jueves Santo de las del Viernes Santo, ya que si bien en el caso de las primeras se mantiene esa tradición de bendecir las tierras por dos corporaciones vinculadas desde antaño con gremios de agricultores, en el caso de las restantes se toma con la forma casi indispensable para acceder en el final de su recorrido a sus templos, situados en la zona alta de la ciudad y precedidos de empinadas cuestas.

La Hermandad de Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora del Consuelo tiene como escenario de su 'vega' las Cruz Blanca. En su caso se baja esta vía donde hace no demasiado tiempo concluía el casco urbano para, una vez realizada la bendición, regresar a la carrera hasta las proximidades de su templo de San Pedro. Esta es la primera 'vega' de cada Semana Santa, y como tal es esperada con júbilo desde las aceras.

Minutos después y en un lugar no muy lejano como es la Cuesta de Archidona se repite el ritual en esa noche del Jueves Santo por la Venerable Cofradía de Servitas de María Santísima de los Dolores. En este caso, la ascensión hacia la zona denominada como 'los cerrillos' será previa a la bendición; llegando los hermanacos exhaustos a este momento que cada años es seguido por una multitud enfervorizada que lanza sus vítores al Santísimo Cristo del Consuelo, al de la Columna, y a la Virgen de los Dolores Coronada. En este caso, la cofradía que mejor ha sabido conservar el estilo antequerano en la estética y dimensiones de sus tronos se convierte en protagonista de una tradición cuyos orígenes difícilmente se pueden especificar.

Viernes Santo

El día grande de la Semana Santa antequerana es el Viernes, cuando procesionan tres de las cofradías con un mayor patrimonio. Este es el caso de la Paz, el Socorro y la Soledad. Las dos primeras son las que corren la 'vega' en esa jornada. También conocidas popularmente como las cofradías de Abajo y Arriba según su disposición en las cuestas que conducen hasta el punto más alto de la ciudad; los siete tronos que suman entre ambas se encuentran cada año casi a la finalización de su recorrido en la céntrica plaza de San Sebastián. Este lugar es testigo de uno de los momentos álgidos de la Semana de Pasión; así como de la despedida de dos de las corporaciones más señeras históricamente.

La empinada cuesta de la Paz, de no demasiada longitud pero con el desnivel más pronunciado de todos, es la que acoge la 'vega' de la hermandad del mismo nombre, que junto a su dolorosa procesiona cada año al Niño Perdido, al Dulce Nombre de Jesús y al Santísimo Cristo de la Buen Muerte.

A la Cofradía del Socorro aún le restará discurrir por las empinadas cuestas de Zapateros, Caldereros y Viento hasta llegar al Portichuelo, donde se encuentra la iglesia de Santa María de Jesús. El origen del nombre de esta monumental plaza proviene a juicio de diversos estudiosos del Pórtico del Cielo; lo que nos puede dar una idea de la altitud que en apenas unos minutos y con algunos de los tronos de mayores dimensiones deben soportar los hermanacos del Socorro. Junto a la Señora Coronada, esta archicofradía cuenta con otros dos tronos, el primero alegórico con su insignia, la Santa Cruz de Jerusalén, y el segundo con Nuestro Padre Jesús Nazareno.
Rituales. Correr la Vega se convierte en toda una experiencia vital para los hermanacos. Por su dureza y la devoción que despierta, centrémonos en la 'vega' de la cofradía de Arriba. Nos encontramos entorno a la medianoche en la plaza de San Sebastián. Acaba de concluir el emotivo encuentro con los antaño rivales de Abajo, hoy felizmente hermanados.

Es entonces cuando los nervios y la responsabilidad se empiezan a dejar sentir. Las caras se vuelven más serias de lo que han sido anteriormente; y es que los hermanacos son conscientes de que se acerca el momento de realizar un esfuerzo casi sobre humano por amor a unos Sagrados Titulares.

Antes de sonar la campana, el Hermano Mayor de Insignia que se encarga de dirigir el trono abandonará por unos instantes su trono y se desprenderá de los ricos ropajes bordados en oro que ha lucido con anterioridad. Por su peso y valor, emplearlos durante la 'vega' sería una irresponsabilidad que los cofrades antequeranos, siempre preocupados por la conservación de su patrimonio, no están dispuestos a afrontar.

Ese momento es aprovechado también por los hermanacos para prepararse para la carrera. Hay que asegurar que el calzado esté bien ajustado, es recomendable remangarse la túnica de terciopelo negro con galones dorados a la cintura para no tropezarse y en la mayoría de los casos se opta por desprenderse del capuz que cubre sus cabelleras para facilitar la transpiración en los momentos que están a punto de llegar.
Campana. Unos toques de campana harán que el trono se sitúe justo al pie de la primera de las cuestas. Agarrados a sus horquillas que a su vez soportan el peso, es momento de pensar en las personas queridas y realizar una última oración. El siguiente toque de campana será el definitivo, y a partir de ahí habrá que sacar fuerzas de donde no quedan para que los tronos retornen a su templo.

Miles de personas acompañan a los hermanacos en esta ascensión, con gritos de "a la vega" que son percibidos bajo las parihuelas y que sirven de empuje en un gesto que es considerado por muchos como una heroicidad. Los tambores de los Regulares de Melilla que abren el cortejo sirven para marcar el ritmo de la ascensión; a la vez que para establecer una zona de seguridad en caso de que se produjese alguna caída de los devotos que anteceden a los tronos, algo tan habitual como la pérdida de zapatos tanto de señora como de caballero.

En el caso de Nuestra Señora del Socorro, sus hermanacos además tendrán que hacer un sobreesfuerzo al llegar a la 'Citarilla' que les comunica visualmente con la Virgen de la Paz, que le aguardará para despedirse con unas estremecedoras mecidas en uno de los puntos de mayor desnivel del recorrido.

Ya en la recta final de la Vega del Socorro se vivirán los momentos más agónicos para el hermanaco, que es consciente que las fuerzas están agotadas y el aire escasea después de haber realizado la ascensión. Casi sin resuello, la satisfacción será total cuando se contemple la Capilla Tribuna dedicada a la Reina del Portichuelo, que viene a significar que se ha completado con éxito un rito que no por repetido cada Viernes Santo deja de ser único en el corazón de todos los antequeranos.


* Daniel Herrera es periodista y hermanaco de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de la Archicofradía del Socorro

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