La persona que, sin saberlo, ha traído a Tokio a La Opinión de Málaga se llama Laura. Me arriesgaría a decir que jamás ha leído La Opinión. Tal vez hace muchos años la de Granada, pero su relación con este periódico es inexistente. ¿Dónde está entonces la conexión? Iremos a eso más adelante… ahora solo hay que contar, ya desde la capital de Japón y sede de los Juegos Olímpicos, que todo lo que han leído en días anteriores sobre el acceso a los mismos es totalmente cierto. Quizá por haber llegado para la última semana y ser menor el ajetreo, solo han sido dos horas de papeles, aplicaciones, test, formalizar la acreditación y otros dos controles más antes de coger el transporte oficial hasta el centro de prensa.

En las últimas semanas de preparación de un viaje tan ilusionante como es cubrir en directo unos Juegos Olímpicos (es nuestra primera vez, tanto de quien escribe como del periódico), apenas han sido un par las alegrías que uno ha experimentado. La primera, fundamental: la aprobación por parte del comité organizador del plan de actividades en Tokio. Sin cuarentena, con test covid en los tres primeros días (además de en el aeropuerto), aplicaciones de control en el teléfono móvil y nada sacar los pies fuera del tiesto previamente definido. Es decir, de karaoke, nada. La segunda alegría, anecdótica, la protagonizaba hace unos días la doctora del laboratorio donde me realicé los dos test PCR necesarios para poder viajar. “Bueno, ¿y en qué disciplina vas a competir?”, me preguntó. La saqué de su error por supuesto, confesando ser periodista, pero transmitiéndole mi gozo por haber sido confundido con un atleta.

De Málaga a París y de París a Tokio. El viaje comenzaba el sábado por la tarde y concluía el domingo por la mañana (hora española), para alcanzar el hotel bien entrada la noche tokiota. Si ya se hace eterno un viaje de doce horas en avión, imagínense llevando una mascarilla todo el tiempo, que solo nos quitamos a mitad de vuelo, para cambiarla por una nueva, claro. El sueño olímpico, en este 2021, ni es fácil ni está cerca. Y ese sueño nacía hace muchos, muchos meses, en una noche de febrero de 2019, más de un año antes de que empezásemos a preocuparnos por el coronavirus, en una cena entre amigos en plenos carnavales donde se ponía sobre la mesa la posibilidad de un viaje a Japón en el verano de 2020, para acompañar y apoyar a la  familiar de una de las comensales con opciones de estar en los Juegos. A partir de ahí, la aprobación de la acreditación por parte del Comité Olímpico Español; el seguimiento de los malagueños con opciones de ir a Tokio; la preparación de un viaje de trabajo y de placer al mismo tiempo y, de repente, la pandemia, un vendaval que reduce a las ascuas la llama olímpica, generando una incertidumbre que se mantuvo durante 2021 y se ha mantenido hasta pocas horas antes del inicio de la cita olímpica, hace ya más de una semana. Así hemos vivido las últimas semanas, mirando con atención el camino que ha llevado a Japón a Alejandro, a Damián, a Paula, a Marta… a ‘los nuestros’ en definitiva… y a Laura.

Laura Bueno (derecha) junto a Bernat Erta, Aauri Bokesa y Samuel García, integrantes del 4x400m mixto español. RFEA

Laura es Laura Bueno Fernández, a quien curiosamente la pandemia le dio una segunda oportunidad de estar en los Juegos ya que una fascitis plantar la alejó de Tokio 2020. El viernes pasado, como integrante del equipo español del 4x400m mixto, rebajaba en cinco segundos el récord de España de la categoría con el sabor agridulce de esa gran marca y de quedarse fuera de la final tras la polémica repesca de un par de equipos. Así, Laura cumplía su sueño olímpico y probablemente ya esté viajando de regreso. Hoy comienza el sueño olímpico de La Opinión de Málaga.

Mientras volábamos...

La selección española de baloncesto perdía su último partido de la fase de grupos ante Eslovenia y, una hora más tarde conocíamos que serán los Estados Unidos el rival en cuartos de final. La cruz... (o no) y la cara, las dos medallas cosechadas este domingo por nuestro país: la plata de Ray Zapata en la final de suelo y el bronce con récord de España incluido de Ana Peleteiro en el triple salto.