12 de julio de 2008
12.07.2008

El Estrecho: demasiados muertos

12.07.2008 | 02:00

Carlos Carnicero

En menos de una semana se han contabilizado casi veinticinco muertos, ahogados en el Estrecho cuando trataban de alcanzar territorio español para introducirse como inmigrantes sin documentación. Nunca sabremos si ha habido más víctimas porque no hay registro de embarcaciones clandestinas en su deriva hacia nuestro país.
La respuesta del Gobierno es el silencio y la promesa de que llegaremos al 0,75 por ciento del PIB para la cooperación internacional. Además, el Gobierno trata de invertir los términos de la política migratoria impulsada en Europa bajo el adagio de que a la vista de cómo es el universo de Berlusconi y Sarkozy, lo nuestro es mucho mejor. Aprobamos directivas para que no se cumplan en España pero sí lo puedan hacer en cualquier otro país. El que se opone a ese criterio, como poco es ignorante de la grandeza con la que el PSOE ha cambiado su política migratoria. Vivir para ver.
La ecuación es a largo plazo: si endurecemos las medidas contra la inmigración ilegal, terminarán por no venir. Y mientras tanto el Estrecho de la muerte se ceba con las almas desesperadas que no entienden de reglamentos ni de papeles. Pero además, el argumento de la inmigración ordenada se tambalea por la recesión que se avecina: no habrá casi ofertas de empleo para inmigrantes ilegales. Se prohibirá la reunificación familiar de los hijos con sus padres mayores porque gastan mucha seguridad social. Sencillamente se cerró la puerta para todos. La madre patria pone cerrojos también a sus hijos iberoamericanos sin preguntarse por qué Hernán Cortés no necesitó permiso de trabajo.
El discurso del Gobierno ha invertido los términos: hace unos meses llamaba xenófobo a Mariano Rajoy y ahora presume de que está consiguiendo poner en práctica sus ideas del control de la inmigración en una Unión Europea deshechizada. En este mundo desigual, las reglas de la globalización impulsan las especulación del petróleo, de los alimentos y las materias primas. Protegen la producción interior de la agricultura frente a la de los países pobres y quieren que nos resignemos con ayudar a largo plazo con un 0.7 por ciento para la cooperación. El mundo occidental se emociona cuando hay un caso de leucemia o para separar a unos siameses. Los muertos del Estrecho son otra cosa: sólo endurecemos las leyes para ver si por fin no vienen.

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