30 de julio de 2008
30.07.2008

La bombilla

30.07.2008 | 02:00

Fernando Jaúregui

Gusta a nuestro presidente, y se ve que también a algunos de sus ministros, ahondar en el detalle, colocar el ejemplo sobre el todo, el fenómeno por encima de la categoría. Y, así, en el último debate sobre política económica, Zapatero se extendió sobre las bondades de un nuevo semáforo, que ahorra energía, y algunas otras cosas cosas por el estilo. Deberíamos haber supuesto que su discípulo-maestro Miguel Sebastián iba a abundar en semejante tesis y, así, nos dejó de piedra este martes prometiéndonos el regalo de una bombilla de bajo consumo para todos los españoles. Eso, entre otra treintena de medidas-parche de distinto calibre. Y menos mal que no nos obliga a quitarnos la corbata (él la llevaba en su comparecencia parlamentaria de este martes), como él ha venido haciendo en las últimas semanas, para dar ejemplo, sin duda, de austeridad calórica; nada de excesos con el aire acondicionado.
El plan de la revolución energética gubernamental parece consistir, por tanto, en recomendar a la ciudadanía que ponga la lavadora por la noche, que se compre un coche eléctrico o que utilice la famosa bombilla en sus lecturas nocturnas. El conjunto de las medidas que nos propone Sebastián parece bienintencionado, irregular, disperso, de limitada eficacia, aunque sin duda eficaces. Supongo que nuestro ministro de Industria, y hasta posible próximo vicepresidente económico de atender a la rumorología, tiene en su cartera planes de mayor alcance y más ambiciosos y podremos hablar en serio algún día de ventajas e inconvenientes de la energía nuclear, de las renovables, de los trasvases, de las fusiones tan traídas y llevadas entre compañías relacionadas con la energía. ¿Para cuándo dejamos lo de hablar algo más en serio, superando la política de inspiraciones geniales, señor Sebastián?

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