04 de mayo de 2010
04.05.2010

Tácticas semejantes

04.05.2010 | 07:00

Desde que ganó las primeras elecciones, una de las obsesiones de Zapatero, fue resaltar la inconsistencia del PP, su ausencia de liderazgo para gobernar España. Desde que Rajoy fue derrotado por Zapatero, una vez pasados dos años de noqueo, en que parecía que le habían robado el combate, su preferencia fue la falta de compromiso en propuestas específicas, y aguardar a que los errores de un equipo ministerial manifiestamente mejorable fueran cavando el hoyo donde reposarían sus restos.
En el fondo, ambas tácticas, al confluir, demuestran el mismo éxito y parecido fracaso. Si los esfuerzos empleados en intentar desprestigiar al PP hubieran sido destinados al ejercicio de gobernar, creo que estaríamos algo mejor de lo que estamos, y la diferencia en intención de voto favorable al PP sería más ajustada. Por parte de Rajoy, creo que si en lugar de la táctica del "laissez faire, laissez passer", se hubiera mostrado menos gallego y más contundente, tendría una ventaja sobre el PSOE de ocho a nueve puntos, que le permitiría afrontar unas generales con mayor tranquilidad.
El ridículo empeño en tratar de emparentar al partido conservador con los falangistas que cantaban el cara al sol en el año 40, cuando no habían nacido o, al menos ni siquiera habían ido a la escuela, ninguno de los diputados del PP es tan lastimoso como creer que se puede llegar a presidente de Gobierno sin una propuesta ilusionante, aunque sea dolorosa y explique la verdad en sustitución de la mentira.
Pero ninguna de las dos tácticas son buenas. En el PSOE ha comenzado la desolación, ante la perspectiva de que el poder se va a escapar, y, en el PP, los sensatos piensan que discutir sobre la piel del oso puede ser prematuro, porque todavía hay que cazarlo.

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