17 de julio de 2010
17.07.2010

Más de 3.000 años de Puerto

¿Qué va a ser del Puerto de Málaga? ¿Será un centro comercial con vistas al mar o un lugar para el esparcimiento ciudadano? Nadie sabe aún qué aspecto tendrá, y eso que han pasado ya 3.000 años desde su inauguración. Y lo que nos queda.

16.07.2010 | 11:01

El Puerto de Málaga regresa a la actualidad para hacernos olvidar la euforia del Mundial y sumergirnos en la nada alegre realidad. Leo las noticias y me pregunto si realmente los políticos saben qué hacer con la dichosa verja, la esquina de oro, el palmeral de las sorpresas y el Carrefour deluxe. Parece que cuanto más tiempo pasa, menos claro es todo, por mucho que se empeñen en contarnos la milonga de que las indecisiones responden a la búsqueda de la perfección absoluta. Pero lo que más me preocupa es que estas cuestiones empiecen a preocuparme, cuando a mí los puertos ni me van ni me vienen, ya que suelen ser lugares en los que el mal gusto está gratificado con la entrada a una discoteca. En mi vida adulta sólo he visitado el puerto malagueño en dos o tres ocasiones. Si no recuerdo mal, con motivo de la festividad de la Virgen del Carmen y a causa del castillo de fuegos artificiales que año tras año inaugura la Feria. También acudí una vez a una fiesta que una conocida marca de bebidas sin sentido de la estética organizó en la cubierta de un gran barco y al inolvidable concierto de los Rolling Stones. Ya está. Cuando era un crío, mi padre solía llevarme a comer altramuces al morro, donde pescadores y familias disfrutábamos de la vista de la ciudad desde el mar.

Es curioso, pero nuestro puerto tiene más de 3.000 años de antigüedad y es un completo desconocido. Y lo es por obra y gracia de aquellos que lo gestionan y de los gobernantes de la ciudad, empecinados, todos ellos, en que vivamos mirando a los montes. Se puede ser feliz en la montaña. También en la parra. Aunque seguro que seríamos más desdichados si nuestros mandatarios fuesen más concisos y resolutivos. Los malagueños ansían su puerto, pero parece que pesa más el tamaño de la inversión y su rentabilidad que lo que realmente quieren los ciudadanos. Así las cosas, Málaga tendrá un puerto sin alma y construido sólo para visitantes. Para ellos será el supermercado, levantado donde bien podría haber pistas deportivas, auditorios, salas expositivas o una bolera. Lo del Carrefour portuario es una broma sin gracia y nacida desde la incapacidad de los que deciden de encontrar soluciones más dignas.

«Llevo escuchando lo del Puerto toda la vida...» repiten los ancianos cada vez que el tema salta a la palestra en cualquier cafetería o peña. Y es verdad. Lo llevan escuchando al menos 3.000 años. Todo este debate puede que no tenga razón de ser, ya que muchos de los que protestamos estaremos criando malvas el día que nos convoquen para mirar hacia el mar.

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