17 de julio de 2010
17.07.2010

Debate perdido, ¿quién ganó el debate?

16.07.2010 | 02:48

El debate no creará un solo puesto de trabajo y en España tenemos más de cuatro millones y medio de parados. De eso se habló poco en el debate. Nunca hemos tenido unos políticos tan alienados por sus respectivas expectativas de poder. Zapatero para conservarlo; Rajoy para heredarlo. Duelo de ambiciones entre personajes que buscan en los meandros de la táctica lo que les niega su falta de coraje político. Cada uno pide lo que sólo es facultad del otro. Elecciones o moción de censura. Y, ni lo uno ni lo otro, porque de lo primero –las urnas– Zapatero huye porque sabe lo que dicen las encuestas y a lo segundo –la moción, que exige contar con apoyos– Rajoy no se atreve.

Y estos son los líderes políticos principales de un país de cuarenta y seis millones de habitantes. La décima potencia del mundo. Nunca hemos tenido líderes tan escasos. El primero vive políticamente extraviado, agotada su credibilidad, tras pasar de Rodiezmo a Davos; el segundo, siempre reservón, espera, confiando heredar, no tanto por méritos propios como por los errores ajenos.

El paro, la deuda, el déficit, el Estatut y la desafección institucional de una parte importante de las fuerzas políticas catalanas, problemas todos ellos de gran calado, llamaban con mano de hierro y al mismo tiempo a la puerta del Congreso de los Diputados reclamando soluciones y decisiones que no han tenido respuesta.

Ni el programa de Zapatero resuelve los problemas, ni sabemos cuál es el de Rajoy para resolverlos. Zapatero es el incapaz empecinado y Rajoy el médico que se queda en el diagnóstico de los males que padece el enfermo y nos deja con las dudas acerca de cuál sería el tratamiento. En resumen, España sale del debate peor de lo que entró porque, por caminos distintos, estos dos caballeros nos han dejado una dolorosa evidencia: ninguno de los dos es el estadista que en estos momentos necesitaría España para salir de la crisis económica y encontrar el camino para revertir la desafección política de fondo que late en Cataluña. Tengo para mí que los dos han perdido el debate.

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