21 de julio de 2010
21.07.2010

El muro de las Sorpresas

21.07.2010 | 07:00

Lo del nombre de Palmeral de las Sorpresas, le viene que ni pintado. Que lo pintarán. Con firmas grafiteras. Porque donde nos pensábamos que correría el aire, correrá un muro. Un muro de unión entre la ciudad y su puerto. Supongo que será un nuevo símbolo, más parecido al de las lamentaciones que al de Berlín. Bueno, depende, quizá más parecido al antiguo de Berlín, cuando de verdad era un muro que separaba algo. Próximamente, si algún día se deciden a acabarlo, el nuestro separará lo que ya estaba separado, con lo que habrá poco que llorar. Si alguien lo salta, será para huir de la cuenta de algún espacio cultural que es el apellido que han decidido ponerle en nuestro Ayuntamiento a cualquier obra que realicen de aquí a que nos concedan o nos echen de la candidatura al endiosado 2016. Y digo que el nombre le venía bien porque así, sorprendidos, nos han dejado a todos las críticas que el alcalde ha hecho de las obras, ahora que parecía que solo le faltaba el último repunte.
Yo, la verdad, es que no sé nada de lo que se pretende o se pretendía hacer en o con el Puerto malagueño, ni quiénes lo estaban haciendo, lo hacen o lo harán, pero los taxistas, que son los que más saben de las obras culturales que se llevan a cabo en la ciudad, me decían que esta obra cultural consistía en derribar la verja que separaba la ciudad del Puerto para poner algunos bares culturales y otros tantos centros comerciales, también culturales. A mí, lo de la cultura, me da ya un poco igual, que cada cuál pegue el pelotazo donde pueda, que con lo que ha caído en la construcción, los piratas deben buscarse el sustento en otro sitio y con tanto tonto repartiendo sueldos a intermediarios y con tantos millones culturales por gastar, más pronto que tarde, tontos y demasiado listos están condenados a entenderse, pero lo que sí que me importaba era lo de tirar la verja anticontrabandista. Me lo creí. Más cuando le dieron el lavado de cara al parque-selva que teníamos para devolverlo a parque. Me paseaba por el paseo y se podía ver la verjita. Ya solo quedaba tirarla y desde el mismo paseo podría ver barquitos, algún día, me decía a mí mismo.
Pero al final, lo de tirar la verja se presupuestó en 17 millones de euros, que ya van por 30, por lo de la cultura y sus equipamientos. Y ahora me he enterado de que verja no, pero muro sí. O sea, que desde el paseo del parque lo que se verá será un muro. Y tras él, supongo, el sorprendente Palmeral de las Sorpresas.
Ya digo que sé poco y menos me interesa a quién compete las obras, los proyectos y las concesiones. Pero sí sé a cuántos nos cabrea. He leído en prensa que el señor Linde no considera muy útil (entrecomillado inútil) la labor que está desarrollando el alcalde en cuanto a modificaciones de modificaciones de planes de planes del proyecto. Así que, digamos molesto, ha dicho que se hará lo previsto en 2004 sin tener en cuenta los cambios que, parece ser, se habían consensuado. El alcalde, que parece no darse por enterado del enfado, dice también, o eso he creído entender, que prefiere que se lleve a cabo el proyecto según el plan inicial del 2004, sin los cambios que, ya digo y me confieso no entiendo cómo ni por qué alguien con doble personalidad, debió de ver con mejores ojos cuando se alcanzó un acuerdo, al menos anunciado como de consenso.
Al final, muchos millones, mucho retraso, mucha cultura, pero Málaga y su puerto, seguirán física, geológica y artificialmente tan separados como el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria. Quizá un poquito más: como don Francisco y don Enrique, diría yo.

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