11 de septiembre de 2010
11.09.2010
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Porque hoy es sábado

Cercanías lejanas

11.09.2010 | 17:12

Como en un amable choque de trenes de cercanías, Griñán y De la Torre se acercaron en la vuelta al cole malagueña. Eso propició un fino ejemplo más de la política en nuestros días políticos. Ayer, en la obligada «dejad que los niños se acerquen a mí» fotográfica de los políticos habituales, el alcalde de Málaga y el presidente de la Junta hablaron con una chiquilla que coloreaba una mariposa en el colegio Parque Clavero.

Mariposa de colores
En un momento, el alcalde interpreta (y así lo verbaliza frente a las grabadoras de los periodistas más que frente a los periodistas que las sujetan, algo también habitual en la clase política) que las alitas que la niña pinta podrían ser verdes y moradas: «los colores de la bandera de Málaga», le dice a la nena y al presidente. Es legítima la simpática inoculación del patriotismo local a quienes serán el futuro de la ciudad, pero la sensación de que un político no descansa ni en el cole da que pensar. Sobre todo si, de manera inmediata y como en un duelo a sonrisas, Griñán contesta a la niña –y al alcalde, claro– que está muy bien, pero también podría pintar la mariposa de verde y blanco que son los colores de Andalucía. Para quienes ya han aprendido que la realidad está en los matices, y no en lo aparentemente obvio, cuesta acostumbrarse a una normalidad tan anormal como la nuestra.

Tren integral
También estuvo el alcalde, ya que hablábamos de trenes y de cercanía, en la inauguración de la nueva estación del tren de cercanías que ya llega felizmente soterrado al Aeropuerto. No estuvo Griñán en esa cercanía también cercana pero sí la anterior consejera de Obras Públicas de la Junta, Concepción Gutiérrez, que aunque ya lleva tiempo como secretaria de Estado en Madrid, obviamente, le tira la zona. Sin embargo, la verdadera necesidad pendiente de esta tierra sigue siendo el tren litoral que descongestione las saturadas carreteras de la Costa del Sol. Pero aquí parece que lo que termina en «al» tiende a eternizarse como si no fuera algo fundamental, consustancial y esencial para nuestra economía turística. Lo que termina en «al», como «saneamiento integral».

«Delegadata»
En el cole, junto al alcalde y, sobre todo, obviamente, junto al presidente Griñán, estuvo también María Gámez, quien, cuando se la miraba desde el lado de Griñán, parecía la candidata a las próximas elecciones municipales; pero cuando se la miraba desde el de De la Torre, allí, junto a Griñán, tenía el atractivo aspecto de la delegada del Gobierno andaluz en Málaga. La dicotomía entre la ética y el posibilismo ya nos mancha la ropa, pero no hay que alarmarse, no siempre el alma. Nadie es perfecto, y María Gámez, aunque parece sincero que no le agrada, asume la imperfección de ir de candidata y de delegada. Necesita presencia, popularidad, grado de conocimiento, que dicen los sociólogos. Y la democracia no tiene resuelto ese asunto.

Gámez-De la Torre
Cómo se populariza frente al adversario consolidado alguien que parece una buena candidata. Es verdad que el alcalde –que sigue siendo alcalde y también evidente candidato del PP– podría enfrentarse a su natural desgaste político. Pero con una sociedad tan poco crítica, una oposición municipal que cuando pretende morder acaba con la boca llena de etiquetas usadas y de algún desperdicio que ni siquiera fermenta, De la Torre le saca más de una cabeza a la candidata socialista. Por tanto, el grado de conocimiento de María Gámez se alimenta en cada foto en la prensa, en cada aparición pública, en cada acto oficial, en mantenerse como delegada del Gobierno andaluz. Parece sincero el empeño de Gámez en separar ambas responsabilidades: la de candidata del PSOE –o «candidatable», según el demandante de Primarias Ignacio Trillo, al que bautizaremos, no sin admiración, como Trillo de Duracell y Huertas–, y la institucional. La esquizofrenia es crítica, y la representación de esa dicotomía en cualquier acto público, ante mentes periodísticas no embalsamadas, resulta a todas luces increíble.

Reflexión sabatina
Sin embargo, la práctica de contaminar, aprovechar o compartir cargo público como plataforma partidista es habitual ya en nuestra anquilosada democracia. Pero, ante el no resuelto problema de la popularidad del candidato para ser votado, no habría otra solución que limitar los mandatos institucionales en toda máxima responsabilidad, alcaldía, presidencia autonómica y del Estado, digamos, a ocho años, y así la inercia de quien maneja todas las decisiones, reparte los dinerillos del pueblo y hace acto de presencia y por derecho en todo acto público que le requiera, no sería tan decisiva, y habría que estar permanentemente empezando de nuevo. Eso quizá obligaría a una ciudadanía cansada de sus políticos, pero que no es inocente del todo de su cansancio, a preocuparse más por escuchar lo que le proponen como programa electoral, y a tratar de familiarizarse mínimamente con ese rostro que le pide el voto.
Porque hoy es sábado, se me ocurre que otra opción para salvar el escaso grado de conocimiento de un candidato es poner como cartel electoral siempre a algún actor famoso, como los conservadores norteamericanos hicieron con Schwarzenegger, en California. O utilizar las primarias siempre a la americana, como un espectáculo, aunque sea duro como en Madrid, y así mantener el rostro de los candidatables en el candelabro pase lo que pase?

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