Opinión | Málaga en la página dos
La misma máquina de escribir

Porras con los documentos en la rueda de prensa que ofreció tras la exclusiva de La Opinión / L.O.
El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, tiene razón. Los contratos menores que ofrece cualquier ayuntamiento se hacen por adjudicación directa, a dedo, como se dice coloquialmente, porque así lo dispone la ley. Sin embargo, en numerosas contrataciones de este tipo que durante años ha estado realizando la concejala de Sostenibilidad, Teresa Porras, se prefirió ir más allá y abrir voluntariamente un procedimiento negociado, es decir aquel en el que el Ayuntamiento solicita tres ofertas y elige la más conveniente para los intereses de la ciudad.
Este método, que es obligado para contratos de mayor cuantía económica (en los años de los que hablamos, 2003 a 2009, serían los superiores a 30.050 euros), se pone en marcha para ofrecer publicidad y transpariencia al proceso y, sobre todo, para proteger la libertad de acceso a los procedimientos y respetar los principios de no discriminación e igualdad de trato entre los candidatos al contrato público. Sobre el papel, esto está de cine, pero si se engaña en la realización del proceso y se invita a presentar ofertas a empresas vinculadas entre sí, del mismo propietario o de familiares de éste, entonces estamos pervirtiendo los principios del sistema, estamos haciendo puro teatro. Conseguimos así dar una falsa apariencia de garantía, cuando en realidad ya sabíamos de antemano, antes del paripé, a quién íbamos a dar el contrato y, de paso, evitamos que se nos acuse de ser poco ecuánimes, de favoritismo, al ofrecer siempre a las mismas empresas nuestros contratos de servicios y obras por adjudicación directa. Con este doble juego, además, tapamos la boca de las decenas de otras pequeñas firmas que estarían encantadas de acceder a contratos públicos.
Al margen de lo que cada cual opine sobre estos métodos de fingimiento, hoy publicamos los casos de tres contratos de obra que no son menores, sino que se encuadran en el apartado de contratos con procedimiento negociado sin publicidad. Y aquí sí que es obligatorio invitar a tres empresas a que presenten ofertas, no es una cuestión de buena voluntad porque es un requisito exigido por la ley. El caso es arquetípico y sólo hubiera faltado que usaran la misma máquina de escribir para hacer las solicitudes: se invita a tres empresas con vinculación entre ellas y presentan sus ofertas. Da igual qué opciones se rechacen porque al final es el mismo quien se lleva el gato al agua, y en algún caso sabiendo que iba a ser contratado meses antes de que se le solicitara oficialmente su participación en el procedimiento. Todo un ejemplo de clientelismo.
La realidad es que ha habido poco aseo en los métodos de contratación pública en esta concejalía, en los casos a los que nos referimos. Ningún miramiento en esta gestión municipal para conseguir sus fines de la que, por supuesto, no sólo se esperaba eficiencia, sino también, como mínimo, sentido de la medida y respeto a los ciudadanos para quienes trabaja.
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