03 de julio de 2011
03.07.2011
Siete días trepidantes

Cambio de Gobierno ¿ya?

Pero, cuando Rubalcaba salga, y suponiendo que Zapatero pretenda ganar...

03.07.2011 | 07:00

Lo menos que se puede decir de la última remodelación gubernamental, de octubre, es que no fue demasiado afortunada, excepto en lo que se refiere al ascenso de Alfredo P. (de Pérez) Rubalcaba a la vicepresidencia primera, con derecho, por tanto, a aspirar a la sucesión de un Zapatero que ya tenía pensado cuándo y cómo proponer su largo adiós. Ahora, algunos de los errores del planteamiento gubernamental se evidencian de manera clamorosa: al actual equipo de ZP le fallan las fuerzas en demasiados sectores. Y, para colmo, es un clamor que Pérez Rubalcaba debe abandonar, al menos, el Ministerio del Interior, una cartera que exige dedicación exclusiva por tantas razones.

Sí, Rubalcaba debe anunciar cuanto antes su marcha del Ministerio y, quizá, también de sus funciones como portavoz gubernamental, bastante incompatible, a mi juicio, con la labor del candidato socialista a La Moncloa. Yo creo que ha sido un buen titular de Gobernación, como antes se llamaba a esta cartera, pero que la acumulación de cargos empieza ya a pasarle factura: supongo que algo nos sugerirá cuando, el próximo sábado, acepte ante el comité federal la honrosa tarea de intentar suceder a Zapatero en el sillón monclovita.

Pero, cuando Rubalcaba salga, y suponiendo que Zapatero pretenda ganar la batalla de agotar la Legislatura, cosa que ni él mismo sabe ahora mismo si logrará (mucho depende de que el PNV acepte aprobar los Presupuestos para 2012), otros ministros deberían, a mi juicio, acompañarle en el viaje de salida del Ejecutivo. Por ejemplo, el vicepresidente tercero, Manuel Chaves, cuyas funciones en el Gabinete son perfectamente descriptibles, por escasas. O la ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, a la que le ha estallado en las manos el caso SGAE, que estaba cantado, según me comentaron previamente algunos colegas expertos en tribunales. O la de Sanidad, Leire Pajín, quien, pese a su indudable vocación política y a su simpatía, no la encuentro demasiado bien ubicada en sus funciones: véase lo que ocurrió con la ya olvidada crisis de los pepinos.

Si me atreviese, ahora precisamente que Hillary Clinton nos acaba de visitar, yo diría que Tampoco Trinidad Jiménez –las comparaciones entre colegas son odiosas, ya se sabe– está bien situada en el decisivo Ministerio de Exteriores, que acaba de cosechar el fracaso de la derrota de Miguel Ángel Moratinos para el importante puesto de director de la FAO. Ni la ministra de Agricultura (bueno, de Medio Ambiente, Medio Rural, Medio Marino), Rosa Aguilar, que tan bien lo hizo como alcaldesa de Córdoba, tiene mucho que decir en el Ministerio.

Más cosas. El titular de Industria, Miguel Sebastián, desacierta bastante más de lo que acierta, y, por poner un ejemplo reciente, en buena parte a él hay que achacarle la muy criticada broma del cambio temporal de la velocidad máxima permitida... Y, por seguir con los nombres y ya que hablamos del área industrial, ¿alguien sabe algo de lo que hace la ministra de Ciencia y Tecnología, Cristina Garmendia, que tantas esperanzas, seguramente fundadas, suscitó? ¿Será acaso culpa exclusivamente de sus servicios de comunicación esta desaparición, o más bien será cierto que se encuentra, como afirman los rumores, desmotivada?

Por último, pero no lo último. Contra lo que exige la promesa que han de prestar solemnemente los ministros al tomar posesión del cargo, se están filtrando no pocos episodios de lo que ocurre en los sucesivos consejos ministeriales. Y se están conociendo las discusiones, debates, diferencias y descoordinaciones en la marcha, algo errática según parece, del Gobierno. Por cierto que algunas de esas divergencias tienen como epicentro el Departamento de Trabajo, tan en boga en estos tiempos de reformas laborales.

En fin: ya sabemos que es al presidente del Gobierno a quien compete exclusivamente el nombramiento y la separación de sus ministros. Pero a nosotros, los ciudadanos, los medios de comunicación, la sociedad civil, nos corresponde la crítica a la actuación de esos ministros, cuya gestión cae sobre nuestras cabezas. Me parece que la trayectoria, tantas veces errada y algunas veces mendaz, pero básicamente honesta, de Rodríguez Zapatero se vería imposibilitada para continuar hasta marzo si no introduce, al menos, cambios en profundidad en su Gabinete, nombrando, para esta gestión ya casi interina (nadie duda de que será Mariano Rajoy quien le suceda), a pesos pesados que remonten en estos diez meses el vuelo político de España, de cara al interior y al exterior.

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