16 de julio de 2011
16.07.2011
La contra

Condenan a una sudafricana a princesa de Mónaco

16.07.2011 | 07:00

En una de las decisiones judiciales más controvertidas de los últimos tiempos, sendos tribunales civil y eclesiástico han condenado a una súbdita sudafricana a la pena de princesa consorte de la prisión de alta seguridad de Mónaco. Las asociaciones humanitarias han denunciado el fallo judicial como un ejemplo claro de esclavismo. El escándalo ha adquirido proporciones globales, y la prensa mundial se ha hecho eco de la sentencia sin apenas excepciones.
La nueva prisionera es una mujer treintañera que responde por Charlene Wittstock. La condenada lloró al conocer ambos veredictos, y mostró en todo momento el semblante cariacontecido propio de quien recibe una cadena perpetua de oro, sin redención posible. Su carcelero personal es Alberto de Mónaco, que no se separó de la sudafricana como prueba del celo que imprimirá a sus tareas de guardián. Especialistas en derechos humanos destacan que la elección del vigilante uniformado suma la tortura a la pena de cárcel.

Alberto II y Charlene se casaron para concluir su convivencia, al igual que ocurre en la mayoría de matrimonios. La tristeza desatada de la princesa sólo puede sorprender a personas solteras, aunque la perspectiva de tropezarse ocasionalmente por los pasillos de palacio con el príncipe ahonda la pesadumbre de la nadadora sudafricana. Su actividad deportiva es relevante, porque el jefe de Estado monegasco había jurado que no se casaría con ninguna mujer que no le superara en anchura de hombros. 

Los cronistas han resaltado frívolamente un supuesto parecido físico entre la princesa condenada y su predecesora, Grace de Mónaco. Este error de apreciación sólo puede disculparse en quienes no se hayan tropezado recientemente con la Grace Kelly original. Mi única participación en los fastos monegascos consistió en la contemplación de Atrapa a un ladrón –copia legal, que contribuye por tanto a la corrupción de la SGAE–. La protagonista de ese hitchcock veraniego guarda la misma semblanza con su deficiente caricatura sudafricana que Alberto de Mónaco con Cary Grant.

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