El próximo mes de octubre celebraremos el 160 aniversario del descubrimiento en 1851 de los bronces que contienen parcialmente el texto de la Lex Flavia Malacitana por parte de unos trabajadores en la zona del monte de El Ejido, que pretendieron inicialmente su venta como metal. Por fortuna, la noticia de su aparición llegó a oídos del matrimonio malagueño de Amalia Heredia Livermore y Jorge Loring Oyarzábal, quienes los adquirieron con el fin de iniciar así una colección arqueológica.

Es la primera Carta Municipal otorgada en el año 81 a la antigua ciudad de Malaca por parte del emperador Domiciano, el último de los Flavios, por la que se daba la consideración de municipio del imperio romano, lo que llevaba aparejado organizar su vida política, social, económica y cultural a la manera romana. Se trata de una prueba más de la gran influencia de Roma en nuestra ciudad, que nos puede servir para reivindicar el municipalismo como la forma de convivencia política más cercana al ciudadano, de lo que los antiguos romanos eran plenamente conscientes. En la Ley se pueden encontrar cuestiones relativas al procedimiento de elección y votación de los magistrados (funcionarios públicos) por las asambleas populares; la designación de patronos municipales; normas de gestión de fondos públicos; organización censitaria que distribuía las obligaciones y los derechos en función de la capacidad económica de los individuos; la obligación de restituir los fondos que se tuvieran de la caja municipal; la rendición de cuentas por negocios hechos con fondos públicos; y diversas disposiciones en pro del interés urbanístico.

Es curioso, después de XX siglos nos siguen interesando y preocupando básicamente temas similares a los de nuestros antepasados. Aprendamos de sus errores.