29 de abril de 2012
29.04.2012
El canapé

Picasso también comía almendras

29.04.2012 | 07:00

Diego Santos es uno de los personajes más perfectos que conozco. Además de ser un artista como la copa de un pino, es un conversador fantástico con el que siempre terminas a carcajada suelta, un moderno sin ningún tipo de envoltura construida, un entusiasta de todo aquello en lo que se embarca y un apasionado esteta, pero sobre todo es un profundo humanista. Con el arte metido en las venas, Diego siempre nos ha sorprendido en sus muchas facetas artísticas ya sea como pintor, escultor, dibujante, fotógrafo o diseñador. El pasado viernes lo volvía a hacer en las salas de exposiciones de la impresionante galería Gacma, que si no fuese porque está en el Polígono Santa Bárbara daría la impresión de ser toda una galería neoyorquina.

Con el título me mira, me mira... presentó una muestra comisariada por él mismo con una serie de diez cajas de luz retroiluminadas, quince pantallas de diez pulgadas con secuencias de ocho fotografías y un maravilloso videoperformance del que extraigo el título del artículo de hoy, ya les explico más adelante por qué.

Diego tiene una de las casas con más gusto decoradas de la ciudad, miles de revistas de todo el mundo la han fotografiado y enseñado en sus páginas y sus balcones dan a la Plaza de la Merced justo detrás de un banco de mármol en el que se encuentra la escultura en bronce Retrato del Pintor Pablo Picasso, realizada por Francisco López Hernández en 2008 y que representa al artista, con un cuaderno y un lápiz. Pues bien, desde la ventana de su casa el artista fotografía a los transeúntes y su interacción con la citada escultura. Realiza instantáneas durante las veinticuatro horas del día con personajes y situaciones diferentes, siempre con el objeto en cuestión de espaldas sirviendo como punto de encuentro neutro.

He visto ya unas cuantas exposiciones de Diego pero nunca le había conocido en su versión fotográfica y el resultado me dejó gratamente sorprendido. Impresionantes sus instantáneas reveladas en acetato para hacer que traspase a través de ellas la luz y retroiluminadas con leds; un resultado impactante y de gran belleza. Otras de las fotografías se presentaban en pequeñas pantallas y unas pocas enmarcadas de manera habitual; todo muy galáctico y sideral, teniendo en cuenta la galopante tecnofobia que sufre el artista en su vida privada que le lleva a ser al único que conozco que no tiene móvil ni usa ordenador, tan solo un teléfono fijo y un contestador.

La exposición culmina con un videoperformance que el artista graba también justo detrás de la citada escultura y donde se visiona a los paseantes dialogar y interrelacionarse con el citado objeto que produce una atracción increíble. En una de las tomas aparecen dos señoras cogidas del brazo la una a la otra (modelo mari-compungida) y alargan las dos su brazo hacia Picasso tocándolo como si estuviesen haciéndolo con Jesús de Medinaceli. Uno de los momentos más increíbles del vídeo llega cuando un grupo de turistas, todos muy serios, se acercan a la escultura y atentos escuchan las explicaciones que les ofrece un guía mientras hacen grupos de dos para fotografiarse junto a nuestro pintor más universal. Justo en ese momento aparece un vendedor de almendras que les espeta a todos ellos con gran acento malagueño: «Picasso también comía almendras»; absolutamente genial. El vídeo concluye con una intervención del propio artista que se coloca una gran máscara africana y junto a Picasso se sienta en el mismo banco sin moverse absolutamente nada como si fuese otra escultura esperando la reacción de los que transitan y recogiéndolas en la propia grabación.

Pese a coincidir con el último viernes de Festival, la sala se llenó de muchos asistentes, artistas, personalidades y amigos de Santos entre los que se encontraban Pedro Marín, director del OMAU, Observatorio de Medio Ambiente Urbano, una institución dedicada a la innovación urbanística, encargada de realizar infinidad de proyectos europeos y de conseguir financiación para ejecutarlos. Precisamente es en su sede, un espectacular edificio de brillante diseño situado en el Morlaco frente al parque, donde Diego Santos y Tecla Lumbreras han preparado para la Noche en Blanco una exposición que pretende ser la antesala de un proyecto que llevan defendiendo desde hace años para hacer en Málaga un museo de la Costa del Sol. Première Museo del Relax es el título de la muestra, donde además no faltará la buena música que el fotógrafo Carlos Canal y Perico Font prepararán para la ocasión. Mientras no dejen de visitar esta exposición.

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