09 de enero de 2014
09.01.2014
La mirilla

El rey versus los reyes magos

09.01.2014 | 00:18

¿Mamá, quién es más importante, el Rey de España o los Reyes Magos? Preguntita en mitad de la pasada Cabalgata sin tiempo para reaccionar ni comodín del público. Ante la impaciencia infantil, la madre responde en un primer momento saliendo por peteneras: «Hija, no se puede comparar; tienen trabajos diferentes». Aunque a continuación por fin reacciona y asegura rotunda: «Olvida lo dicho, hija, los Reyes Magos, sin duda, son los más importantes. ¡Mira cuánta gente ha venido a verlos!». El cuestionario concluye y la atención infantil vuelve a centrarse en las carrozas que ya se acercan, pero la mente adulta sigue dándole vueltas al asunto. No hay que mentir a los críos, dicen los psicólogos, ¿habrá sido la respuesta correcta? Entonces la madre repasa lo que se dice sobre el rey Juan Carlos y su trabajo, sobre todo eso de que representa a nuestro país en todo el mundo, en plan embajador de la «marca España». Aunque últimamente ni el embajador ni lo que representa pasan por su mejor momento. Entre cacerías, deslices y tropiezos la marca está más que devaluada y lo último que necesitaba el monarca era ver a su hija Cristina imputada por delitos tan feos como el blanqueo de capitales y trapicheos fiscales. El juez José Castro dice que la infanta intervino en la empresa Aizoon «lucrándose en su propio beneficio», una afirmación que chirría con la supuesta imagen de responsabilidad, ética y valores que debería transmitir como parte de la institución monárquica.

Nos habíamos acostumbrado a las corruptelas de la clase política. Alcaldes imputados por corrupción urbanística, presidentes autonómicos condenados por tráfico de influencias, altos cargos encarcelados por hacer cuentas en B... Pero la monarquía era otra cosa, estaba a otro nivel. Hasta ahora. La valoración de la cosa real decae al mismo ritmo que aumenta la preocupación por la corrupción. En concreto, este índice subió seis puntos según el Barómetro del CIS de diciembre. La corrupción y el fraude constituyen el segundo problema para los españoles y entre los causantes ya se incluyen también los monarcas y su descendencia. Definitivamente, los Reyes Magos ganan. Aunque sean los padres.

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