05 de marzo de 2015
05.03.2015
Tribuna

El pequeño comercio que defendemos

05.03.2015 | 05:00

El comercio es, con la hostelería, el sector recurrente para quienes quieren abrir un negocio en Málaga. De éstos, muchos proceden del desempleo y les cabe la ilusión de convertirse en pequeños empresarios –emprendedores se les llama ahora–, fabricándose su propio puesto de trabajo. El Instituto Municipal de Formación y Empleo (IMFE) cifra en el 55 por ciento de sus visitas el montante de quienes querían poner una tienda, principalmente de alimentación, ropa y complementos, papelerías y deporte. Este dato ya nos da buena cuenta de que nos encontramos ante una realidad de hombres y mujeres que, desde el paro, quieren agarrarse a esa tabla de salvación, la tienda, para mantener a su familia, independizarse€ abrirse camino en la vida. De ahí que desde Fecoma veamos siempre con extraordinaria sensibilidad el camino que inician nuestros nuevos comerciantes.

Generalmente, estas personas buscan el traspaso de un local que ya esté equipado para no incurrir en excesivos gastos que lastren su proyecto personal. En AJE también lo saben pues «el comercio es el rey de las consultas», según confiesan. Es importante también apuntar que desde el inicio de 2014 el sector con más autónomos es el del comercio, con 30.373, la hostelería le sigue de lejos con 13.058.

Para nadie es un secreto que el mundo está cambiando y deprisa. El comercio online, entre otros factores, modifica los hábitos de compra de los consumidores y también –aunque más lentamente– la forma en que los establecimientos se relacionan con éstos.

La tienda física tiene que especializarse y tiene que ser distinta a la que hoy conocemos. Como en todo, hay pros y contras. El reciente Informe Total Retail 2015, de PwC, advierte tras el análisis de encuestas que el comercio tradicional tiene ventajas como las de tocar y probar el producto, asegurarse de la talla y la entrega inmediata. Las mejores razones del comercio online son las 24 horas de apertura los siete días de la semana, y los precios, pero€ hay que esperar para recibir el pedido.

Sabemos que uno de cada tres consumidores acude una vez a la semana a la tienda (36 por ciento) frente al 20 que compra desde su PC, el 11 que lo hace por smartphone y el 10 por tableta. El 70 por ciento de los usuarios digitales buscaron su producto en la Red pero luego€ lo compraron en la tienda, y el 68 por ciento siguió el proceso contrario.

Además, hay una categoría sociológica que tiene ya su importancia en el mundo de los consumidores. Me refiero a los millennials o nativos digitales –también se les llama Generación Y–. Tienen entre 18 y 24 años y han nacido con internet. Los millennials siguen a sus marcas preferidas por las redes sociales y transforman de este modo las tradicionales formas de venta que conocemos en las últimas décadas. La localización de las tiendas por el móvil es otro de los fenómenos que ya forman parte de nuestras vidas.

Desde la Federación del Comercio de Málaga siempre hemos practicado esa sensibilidad a la que me refería al comienzo de estas líneas –y también en el brutal impacto que la ley de arrendamientos urbanos produce en nuestros pequeños comercios del centro– pero igualmente insistimos en la necesidad de modernización del pequeño y mediano comercio y del apoyo de las administraciones al mismo. Motivos no faltan. Representa el trabajo de miles de personas, y la proximidad, la atención personal y la inmediatez son valores que todos apreciamos. Precisamente, uno de los signos de nuestro tiempo es la deshumanización de las relaciones comerciales, lo que conlleva también las personales, cada vez más tecnologizadas, reconozcámoslo. Por eso, la tecnología debe tener rostro humano y ha de convertirse en nuestra aliada, no frente a nadie, sino a favor de los ciudadanos en general. Esta es una lucha en la que estamos todos y que las organizaciones empresariales debemos librar desde nuestra vocación de servicio, desde la unidad empresarial del sector y también, por qué no decirlo, con independencia de las administraciones. Éstas deben colaborar y es su misión en la sociedad. Una ciudad es también lo que son sus comercios y si éstos son modernos y atractivos y se unen en organizaciones representativas que defienden sus intereses pues hacen lo que se espera de ellas. En este camino estamos con las organizaciones sindicales, que son igualmente conscientes, de la trascendencia histórica de este momento para el pequeño comercio mediterráneo que representamos.

*Gil Fernández es presidente de la Federación del Comercio de Málaga

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