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Opinión | Málaga de un vistazo

Enrique González de Gor

Juegos de palabras

Cuando pequeño mi abuela materna siempre nos hacía juegos de palabras durante las vacaciones, algunos en inglés y otros en español. Recuerdo que había uno que comenzaba con una pregunta: ¿En qué se parece un melocotón a un sitio de recreo?

«En nada» gritábamos todos los primos sabiendo que había truco. Acto seguido comenzaba a recitar y casi sin respirar lo siguiente: «Melocotón se compone de melo y cotón, cotton es algodón en inglés, algodón se compone de al y godón, un godón es un godón muy grande, un godo muy grande fue Ataulfo, Ataulfo vino a España y no hizo nada, el que nada no se ahoga, el que no se ahoga flota, una flota es una escuadra, escuadra y cartabón, cartabón se compone de carta y bon, una carta es una epístola, epístola se compone de e y pistola, una pistola es un arma mortífera, mortífera se compone de morti y fera, fera es llevar en latín, llevar se compone de lle y var, y un var es un sitio de recreo.

Tras un minuto, que tardaba en recitarlo, con la boca abierta, los primos no sabíamos si aplaudir o enfadarnos porque notábamos un punto de estafa, pero también algo de magia en la transformación. Pero mi abuela rápidamente se sacaba otro juego de palabras de la manga o nos contaba una historia de su casa de Ronda con vistas al Tajo.

Cuando leo ahora lo que los distintos partidos pretenden hacer y deshacer tras haber dicho una cosa al pedir el voto y hacer otra a la hora de pactar, no puedo evitar acordarme de mi abuela y de cómo por arte de magia convertía un melocotón en un sitio de recreo.

Palabrería, mucha labia y una suerte de magia.

No hay mucha diferencia.

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