03 de junio de 2015
03.06.2015
La Mirilla

Mayoría menor

03.06.2015 | 01:07

Leo con indisimulado rubor que en la política de fuegos de artificio en la que parece instalado al Ayuntamiento no se le ha ocurrido otra cosa que amparar la instalación de una noria en el puerto. La noticia no es nueva, pero confieso que acabo de enterarme, quizá por esa mezcla de omisión autoconsciente o selección natural entre inmundicia que te hace sobrevivir en este oficio tan atolondradamente lleno de ruido y de ruidosos. Uno se pregunta qué diablos será lo próximo, una vez abortados –a veces la crisis es una bendición –el famoso supermercado y la conversión de los Baños del Carmen en el enésimo bulevar de consumo homologado a la valenciana, con terraza franquiciada y baldosín. Ahora que todas las ciudades más o menos ampulosas se pelean por plantar norias en cualquier parte empezamos a lamentar esa estirpe de concejal con ideas y con amigos que va por ahí poniéndolo todo perdido de luminosos y mercados gourmets. El desarrollismo, está claro, no sólo ha arrasado con el territorio, sino también con algunas mentes, que siguen instaladas en la venalidad permanente y el desaliño del cambalache y del intercambio de favores e influencias. España es impúdica, zafia y hortera. Y ni siquiera se molesta en ocultarlo. Me cuentan mis topos que hasta los representantes de las instituciones culturales teóricamente independientes –no todos, los de siempre- se acercan ya a celebrar sin complejos las noches electorales en la sede del PP –imaginen que en Málaga hay un proyecto cultural y no lo gana, aunque sea a la tercera, Fernando Francés. Qué cosas–. Una de las grandes tentaciones aparejadas al uso siniestro de las mayorías es la soberbia, que casi siempre acaba por tirar de identificación. El hombre se equipara al territorio, tiñe provincias y ciudades enteras con la vulgaridad de las siglas de color. A Fernández Montes no le votan más de 9.000 personas en un pueblo de 67.000 habitantes que duplica durante buena parte del año su población; De la Torre sólo cuenta con el respaldo del 19 por ciento del censo y Susana Díaz con poco más de un millón de votantes en la comunidad. Deberíamos recordar todos hasta qué punto la legitimidad política hay que conquistarla con cordura todos los días. Para no acabar en el quicio desquiciado de la noria, sintiéndonos un Cassá.

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