05 de junio de 2015
05.06.2015
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Barrios bajos en Bruselas

05.06.2015 | 05:00

Lo tomas o lo dejas. Por esos caminos toscos anda la negociación de los acreedores (la Unión Europea, Francia, Alemania, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, fundamentalmente) con Grecia. Si lo que ofrecen tomar es una subida del IVA turístico del 120%, como dejó caer hace unos días –no sin perversa intención seguramente– el ministro Varoufakis, casi parece una invitación a dejarlo. El turismo es la única industria que funciona a todo gas en Grecia, con un crecimiento casi del 13% en el primer trimestre de este año sobre las cifras récord de visitas del pasado (22 millones), así que elevar el impuesto de los hoteles del 6,5% al 14 o al 18%, como se está planteando, es regalarles un ataúd. España, Italia o Francia aplican un IVA turístico del 10%. Turquía y Chipre, menos aún. ¿Cómo podrían competir los hoteleros griegos con tasas tan altas? Impensable. Es lo que dicen. Que ahora trabajan en buena parte para pagar los créditos que tienen con los bancos y que pasarían a trabajar para el Estado. Calculan que, si la amenaza se cumple, se perderían 200.000 puestos de trabajo en 2016. La tecnocracia europea guarda siempre el comodín de la subida del IVA para aumentar los ingresos públicos, aunque está probado que no siempre funciona. La subida del IVA cultural al 21% en España ha sido un fracaso social (menos posibilidad de la ciudadanía de acceso a la cultura), económico (la recaudación bajó un 25% en el primer año) y político (el Gobierno puso en su contra a un colectivo con alta y atractiva presencia pública como el de los artistas). Y ahí estamos, sin rectificar. Fundamentalmente, porque no estaría bien visto desde Bruselas dar marcha atrás a una medida interventora cuando no se han aplicado aún otras de las sugeridas. La esperanza es que la subida del IVA turístico a Grecia solo sea una amenaza en el tramo final de unas negociaciones complejas y convulsas con Tsipras y los suyos, que tampoco están siendo los reyes del juego limpio (dada su posición de debilidad, casi se disculpa). De no ser un envite, quedará claro que los acreedores ya han dejado de pensar en Europa y cada uno mira su propio bolsillo.

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