05 de junio de 2015
05.06.2015
Málaga de un vistazo

La vida misma

05.06.2015 | 05:00

Al comenzar la crónica de esta semana contemplo a través de la cristalera de mi despacho cómo luce el sol, cómo el cielo permanece azul, vaya, como lo describiría uno de nuestros insignes poetas, pasados y presentes. No digo futuros porque nunca se sabe lo que nos tiene preparado nuestro Redentor. Nuestros poetas coetáneos son mucho más positivos –crematísticamente hablando– que nuestros ancestros. Y llevan toda la razón: el que quiera leer buena poesía que la pague. Para cosas malas ya vemos y oímos diariamente el Telediario. El Señor los perdone.

Mis mejores deseos para el niño que va superando la difteria. Ni una palabra de censura para su familia, ya tienen demasiado dolor. Aunque parezca raro, no hay mal, por muy terrible que sea, que no suponga un punto positivo. Conozco a dos matrimonios que acaban de llevar a vacunar a sus criaturas a todo trapo. Han sido afortunados. Lástima que hayan necesitado ver el sufrimiento de otros padres para actuar adecuadamente. ¡Aleluya!

Decía Pitágoras: «Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres». Sí, era muy buen matemático pero, en el fondo, era un cándido. Y no es que yo sea una mala bruja, que sí lo soy, es que a los menores de hoy si les reprendes te dicen dulcemente: «Te voy a denunciar por maltrato infantil» y en ese momento piensas, «estoy deseando que se enfrente a la vida tal como es, no como quisiéramos que fuera». Luego, rectificas y dices para ti: «Prefiero no verlo, Señor». Y me siento bien porque, en el fondo, muy en el fondo, no debo ser tan mala como decía mi madrina. Lo malo de todo es que, a pesar de todo, reconozco que era una persona muy especial, tanto que todos la recordamos con cariño.

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