23 de octubre de 2016
23.10.2016
Columna abierta

Los amores de Putin y Trump

23.10.2016 | 00:21

La alargada sombra de Vladimir Putin alcanza de manera explícita la campaña electoral por la presidencia de los USA. El que un descerebrado como Donald Trump insista en vender la baza de su buena relación personal con el zar de Rusia describe un candor temerario. También ilustra, y es lo peor, la caida en picado de la inteligencia polìtica en la democracia estadounidense y en algunas otras del mundo occidental. Esta decadencia induce en gran parte el momento crítico que sufren los valores de libertad y progreso, desdichadamente respaldado por los millones de ciudadanos que quieren a Trump en la Casa Blanca. La paranoia del magnate puede ser la anécdota, mientras que la inquietante categoría es la masa de sus votantes.

Putin se ríe del «amigo» que va a perder, reputado en su propio país de xenófobo, racista, ultraimperialista, antifeminista y un largo etcétera en el que cabe el insólito anuncio de que tan solo respetará el resultado de las urnas si es ganador. Pero al ruso le conviene fingir un extraño entendimiento, en la seguridad de que Trump no garantiza el diálogo en la paz sino la reedición de la política de bloques por la que viene pugnando con signos inequivocos como la apropiación por las armas de una parte del territorio ucraniano, el respaldo a tiranos como Assad en Siria y la permanente nostalgia del viejo imperio soviético que el Kremlin alienta como un nuevo derecho de conquista. La injerencia pirática en el asunto de los temas de Estado despachados por Clinton como correos particulares, que tanto ha lastrado su campaña, no deja lugar a la duda.

Nadie es perfecto, pero el programa de Clinton merece una distancia predictiva mucho mayor que la ya reflejada en las encuestas. Trump en la Casa Blanca sería un grave riesgo para su paìs y para todos los occidentales. De ahí que Putin se deje querer respondiendo amigablemente a las invocaciones de quien cree estar utilizándolo. En el fondo, probablemente son mucho más afines de lo que parece y, por ello, igualmente peligrosos para la paz mundial. Quedan pocos días para despejar la pesadilla.

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