20 de diciembre de 2016
20.12.2016
En canal

Es por la Navidad, coño

20.12.2016 | 05:00

Venga ese espíritu navideño, que se vaya notando. El año televisivo se nos hace demasiado largo y antes de que termine alguien debería cometer con Bertín Osborne un abuso. Vale si es un abuso pequeño, pero mejor que sea grande, hermosote, de los gordos. Si el buen rollo navideño no sirve para esta minucia, a ver entonces para qué sirve.

Hace unos meses se dijo que María Lapiedra tenía problemas porque su hija estaba muy mal vista por los otros padres en el colegio elitista en el que la tenía matriculada. Luego no se supo más de la noticia, incluso puede que semejante barbaridad fuera un bulo, pero lo cierto es que tras leer que atacaban a su hija e incluso pretendían echarla del cole acusando a su madre de poco ejemplar y descarada, y a su presencia de acontecimiento desgraciado y denigrante, se producía un curioso efecto. Tras leer aquellos desatinos, uno tendía a congraciarse con la señora, a no darle tanta importancia a su repelente presencia en Cazamariposas, Sálvame o Sálvame deluxe, a tener menos en cuenta su capacidad estomagante para hacer lo que sea con tal de protagonizar un estúpido titular estúpido. Ante semejante tropelía, uno se sentía más cercano a Lapiedra.

También hubo un momento de debilidad por Jorge Javier Vázquez. Fue el día que uno de los concursantes de GH se le puso a recordar entre risas la muerte de un primo gay que se había suicidado. Durante un instante, debajo de Jorgeja hubo un tipo por el que se podía sentir cierta afinidad.

Ahora faltaba que alguien nos permitiera despedir el año introduciendo una fisura en el hartazgo monolítico que nos produce Bertín Osborne. Bastaría con que alguien cometiera con él una tropelía, una injusticia, un atropello que nos permitiera verlo como un ser humano por el que sentir cierta empatía. Pero el que lo haga, por favor, que se lo curre un poco. Llamar a Osborne señorito, homófobo o machista no vale porque eso ya sabemos que lo es y no causa en quienes le conocemos ningún efecto (arriesgándonos además a que el tío abra la boca para defenderse, se venga arriba, y empeore aun más las cosas). Venga, ánimo, que es por la Navidad, coño.

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