23 de diciembre de 2016
23.12.2016
En corto

Ni de casualidad

23.12.2016 | 05:00

La lotería toca poquísimo, es un hecho en el que la mayoría estará de acuerdo, y el que no, será porque le ha tocado y su opinión al respecto es interesada. Encima, no hay a quien echar la culpa de que no toque: ni al caballo, ni al jinete, ni a los equipos en las quinielas, ni a uno mismo por no saber de fútbol o saber demasiado (en cuyo caso toca poco), ni al crupier, ni a la ruleta lastrada, ni a la maquinita, ni a la mala mano ese día con las cartas. La apuesta a un número es azar en estado puro. Después del sorteo la alegría más extendida es la de los que no han jugado y se ahorraron el décimo. En cuanto al reintegro, aunque toca bastante, siempre me ha parecido un premio humillante y perdonavidas, casi una limosna. Un amigo que compra lotería ya ni mira, y dice «si ha tocado ya me enteraré». Al menos este año el anuncio no ha sido publicidad engañosa. Ahora a probar con el Niño.

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