15 de enero de 2017
15.01.2017
40 Años
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360 grados

Redes sociales

15.01.2017 | 05:00

Más de la mitad de los estadounidenses de menos de 35 años tienen a Facebook como la principal fuente de información y casi el 80 por ciento utilizan al menos una plataforma de ese tipo.

Son cifras que sin duda varían según los países, pero que marcan una tendencia: la rápida sustitución de los medios tradicionales por las redes sociales como fuentes privilegiadas de información.

En el metro de Madrid, de Barcelona, de Berlín y cualquier otra gran ciudad pueden contarse con los dedos de la mano quienes leen durante el viaje algún periódico si no es a veces el que se reparte gratuitamente.

Todo el mundo está pendiente sólo de su teléfono móvil sin que parezca importarle lo que sucede a su alrededor.

Como explica el profesor de la Universidad Ludwig-Maximilian, de Múnich, Josef Drexl, Facebook ocupa ya un papel crucial en la formación de la opinión pública, que se rige cada vez más por las leyes del mercado. A Facebook le interesa generar en sus páginas el mayor tráfico posible, y eso se logra gracias a que los algoritmos que utiliza en la difusión de informaciones privilegian aquellas noticias que corresponden a las preferencias del usuario y su grupo de amigos.

Recientemente se criticó a esa red social cuando se publicó la noticia de que se había dedicado a modificar esos algoritmos para perjudicar a determinados políticos manipulando los llamados «trending topics». Los algoritmos son en todo caso cualquier cosa menos neutrales: «la lógica de mercado que subyace al ´me gusta´ conducen a una polarización y radicalización de la sociedad», afirma el experto Drexl.

Y no deja de tener gracia, triste gracia, que los populistas que acusan a los medios tradicionales de «mentirosos», como ocurre en Alemania o Estados Unidos, se traguen todo lo que les llega por esas redes.

Los algoritmos de Facebook bombardean al usuario con contenidos que no sólo van supuestamente a interesarle, sino que van a encontrar también su aprobación porque corresponden a sus opiniones hechas, que contribuirán así a reforzar.

De esa forma se verá aquél reafirmado en sus prejuicios sin que le lleguen posiciones críticas que pudieran hacerle cambiar de opinión o al menos poner en tela de juicio lo que pensaba hasta ese momento.

Según un estudio italiano citado por Drexl, tanto las teorías conspirativas como las falsas informaciones encuentran difusión mucho más rápida y persistente en Facebook que a través de los medios de información tradicionales.

Las redes sociales como Facebook explican por otro lado el rápido crecimiento de partidos y movimientos populistas como Alternativa para Alemania, el reciente triunfo del Brexit o la popularidad de un empresario ególatra e ignorante de los asuntos del mundo metido a político como Trump.

Como explica el profesor de Múnich, el problema radica sobre todo en los propios usuarios, que «de modo más o menos consciente refuerzan con sus decisiones los mecanismos de esos mismos algoritmos». Informarse sólo a través de lo que le llega a uno por las redes sociales no es, pues, estar realmente informado. Su existencia plantea un gran desafío a los medios tradicionales, ya sean los audiovisuales, la prensa escrita o los periódicos digitales.

Unos y otros tendrán que esforzarse mucho más en ofrecer una información en profundidad, contrastada y equilibrada si no quiere que sean sólo las redes sociales y las leyes del mercado quienes conformen la opinión pública.

Es una batalla difícil, admitámoslo, pero que es preciso ganar si queremos salvar la democracia.

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