28 de febrero de 2017
28.02.2017
Sol y sombra

Conectividad

28.02.2017 | 05:00

El seguimiento de cualquier tipo de actualidad minuto a minuto, o minuto resultado, como en los partidos de fútbol retransmitidos por las emisoras de radio, suele ser frecuentemente un atentado a la inteligencia, además de una pérdida de tiempo para todos, porque a fin de cuentas lo único que debería interesarnos es la noticia entera y verdadera no el detalle de si llega el condenado a la Audiencia, charla en el pasillo con un ujier o se dirige al excusado a hacer sus necesidades.

El cerco informativo en el «caso Nóos» es la última prueba de esa superficialidad que nos embarga: lo realmente esencial que es informarse bien de lo que sucede se convierte en banal cuando el periodista tuitea o chatea cualquier sucedáneo, para mantener al curioso enganchado de la web, o bien retrata al fiscal Horrach tomándose un café en el bar de la esquina para inmediatamente colgar en internet la foto del hombre agobiado por las circunstancias. La pregunta es qué interés tiene para la resolución del «caso Nóos» ver a Horrach en su coffee break, cerca del mediodía en los alrededores de la Audiencia de Palma. ¿Hasta dónde es necesario saciar el morboso curioseo de tanto desocupado pendiente de la actualidad?

La actualidad, que no se debe confundir con noticia, engancha porque es la que suministra el alpiste del cotilleo minuto a minuto. Ver a Horrach bebiendo un café no es de gran interés y, sin embargo, interesa mostrarlo para mantener la tensión digital que se traduce en entradas, visitas, clics, pinchazos o como diablos se quiera llamar a esta excitación por conectarse a todo y en cualquier momento. La conexión es tristemente lo que importa, no la información. La información en sí misma interesa bastante menos si no existe la posibilidad de interactuar con ella blandiendo cualquier ocurrencia, por lo general como si se tratara de un arma arromadiza. Ello explica en buena medida el deseo irrefrenable de conectarse. Estamos perdidos.

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