23 de mayo de 2017
23.05.2017
Tierra de nadie

Feliz jornada

23.05.2017 | 05:00

En la mesa de al lado, una mujer le pregunta su marido (supongo que es su marido) si le duele la cabeza.

-Soy ´yo´ el que le duelo a mi cabeza –responde el hombre subrayando el pronombre, como si acabara de descubrir esta nueva forma de daño.

Nunca se me habría ocurrido que ´yo´ pudiera dolerle a mi cabeza. Siempre he pensado que era ella la que me dolía a mí. La perspectiva cambia por completo. Si ´yo´ soy el causante del dolor, en vez de tomar una pastilla contra la neuralgia, debería tomarla contra el ´yo´. ¿Hay remedios contra el ´yo´ en el mercado? No lo creo. En todo caso, tampoco me atrevería a preguntarlo en la farmacia.

-Perdona, llevo dos días doliéndole a mi cabeza. ¿Qué me recomiendas?

Estoy viendo la cara de mi farmacéutica, a la que, por cierto, debo ya tres recetas de tranquilizantes. La gente está acostumbrada a que los órganos molesten al ´yo´. No al revés. Como si los pronombres personales tuvieran menos capacidad que el hígado para amargarte el día. Pero los pronombres personales duelen. El mundo está lleno de mujeres a las que ´él´ mata, y al revés. Hablamos de matar en sentido figurado. También el ´ello´ puede provocar un malestar insoportable. Hay días en los que te levantas con una incomodidad imprecisa que llevas a todas las partes y que no tienes ni idea de dónde procede. Yo te lo digo: del ´ello´. El ello es un pronombre raro, oculto en la zona del páncreas, muy cerca del agujero por el que se accede al inconsciente, esa gusanera de deseos reprimidos. El ´ello´ se encuentra ahí, en la frontera entre lo manifiesto y lo latente. Por lo general, no se percibe su existencia. Pero hay días en las que se inflama y provoca el desasosiego difuso al que nos referíamos.

El ´nosotros´, otro pronombre a considerar, también es muy suyo. Te invitan a cenar a una casa en la que enseguida percibes un ambiente hostil. ¿Qué ocurre? Que a la familia anfitriona se le ha ulcerado el ´nosotros´. Un nosotros ulcerado puede fastidiar una reunión de amigos. Cuidado, en fin, con los pronombres y feliz jornada.

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