11 de junio de 2017
11.06.2017
Soserías

Lo que viene siendo un polvo cósmico

11.06.2017 | 05:00

Ahora que Elon Musk, a través de su empresa de cohetes SpaceX, está decidido a enviar a los primeros turistas espaciales alrededor de la Luna nada menos que el año que viene, ya hay quien se pregunta si el viaje a la Luna puede ser luna de miel. O sea, que si puede haber temita. La publicación digital Gizmodo ha preguntado a los expertos, y la opinión unánime es que el sexo espacial no va a ser precisamente un polvo cósmico. Hay varios problemas. Primero, no habrá intimidad. Mark Shelhamer, exjefe científico del Programa de Investigación Humana de la NASA argumenta que si SpaceX envía a dos personas a la Luna, «es probable que haya un tercer astronauta profesional con ellos». Además: «Las naves Apolo eran muy poco acogedoras y no puedo imaginar que algo que esté listo ya en el próximo año sea muy grande». Segundo problema: mueve tus caderas con gravedad cero. «Cada empuje impulsará al astronauta en la dirección opuesta», explica John Millis, presidente del departamento de Ciencias Físicas e Ingeniería de la Universidad de Anderson. «Imagínense un par de patinadores sobre hielo fresco: cada vez que empujasen sus manos unas contra otras, los dos se alejarían el uno del otro». Lo mejor sería anclarse a la nave. Tercer problema: gatillazo seguro. «Debido al ambiente de microgravedad, la forma en que la sangre fluye a través del cuerpo, cambia», explica el mismo experto para describir lo difícil que sería conseguir una erección. «En la Tierra nuestra sangre se acumula más en nuestras extremidades inferiores. En el espacio, hay menos sangre fácilmente disponible en esa zona, de la que el cuerpo extrae la generación de una erección». Por si fuera poco, un vuelo espacial de larga duración también parece causar una caída del nivel de testosterona en los astronautas masculinos. Aunque en el caso de las mujeres la relación entre libido y viaje espacial no está tan estudiada, los expertos creen que los efectos serían igualmente desastrosos. Para aquellos que superen estos dos obstáculos, aún hay más. Pueden solucionar los problemas de mecánica metiéndose en un saco, pero prepárense, se van a hundir en un pantano de fluidos corporales. La microgravedad no permite que el sudor o las lágrimas corran. Todo se queda como «charcas de líquido flotando cerca de donde fue segregado» advierten los expertos. (Y hablando de asuntos calientes y espaciales: los astrónomos de las universidades de Ohio State y Vanderbilt acaban de descubrir el sistema estrella KELT-9, situado a 650 años luz de la Tierra, dentro de la constelación de Cygnus. Ahí hay un cuerpo celeste, el KELT-9b, que tiene tres veces el tamaño de Júpiter y es, hasta la fecha, el que posee las temperaturas más altas jamás registradas en un planeta, 4.326 grados centígrados, sólo 1.093 grados más frío que nuestro Sol. Su trabajo fue publicado el pasado lunes, día 5, en la revista Nature).

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