23 de junio de 2017
23.06.2017
Tierra de nadie

No duermo

23.06.2017 | 05:00

Hay gente como Ronaldo que se puede enfadar con un país y gente que solo se puede enfadar con su cuñado, que además vive en el piso de arriba. El que se enfada con su cuñado no puede irse de la comunidad de vecinos porque está pagando la hipoteca. Significa que coincide con él en el ascensor y los dos miran al techo durante unos segundos interminables. A veces se tropiezan en el mercado o en la panadería y se ignoran como si cada uno fuera invisible para el otro. La situación, en fin, resulta un poco incómoda. De ahí la envidia que produce Ronaldo, capaz de enfadarse con un país entero y amenazar con marcharse de él. No sabemos qué pasaría si Cataluña se marchara de España, pero si lo hiciera Ronaldo, dadas la importancia del fútbol, seriamos menos España. Y quizá Ronaldo sería más Ronaldo. No lo sé, pero he oído que hay equipos extranjeros dispuestos a pagar casi doscientos millones de euros por el jugador. Si alguien estuviera dispuesto a pagar esa cantidad por mí, yo sería más yo. La construcción del yo empieza a ponerse por las nubes.

Hace años conocí a un tipo que se había enfadado con El Corte Inglés. Enfadarse con el Corte Inglés es como enfadarse con la Telefónica o con Endesa. Una desproporción. Así intenté hacérselo ver al individuo. Lo mejor es no enfadarse con nadie, pero, si está en tu carácter, deberías buscar objetivos menos ambiciosos. Tu cuñado, por ejemplo. A tu cuñado le puedes dejar notas insultantes en el buzón. Te puedes enfadar incluso con tu madre en la seguridad de que tu enfado le hará daño. Si lo que buscas es ese tipo de satisfacción moral (o inmoral, que viene a ser lo mismo), seguro que tienes a tu alcance un montón de objetivos. Ahí están tus hermanos, tus amigos de toda la vida, tus compañeros de oficina€ Pero enfadarse con la General Motors, por poner otro ejemplo, resulta frustrante, además de megalómano.
No sabemos si Ronaldo es megalómano, pero de momento se ha enfado con España y algunos se han arrugado ante su ira. A ver cómo evoluciona el asunto. Quizá, si le damos mejor trato fiscal, acabe perdonándonos. Personalmente, no duermo desde que me enteré. Y mi cuñado, el del piso de arriba, tampoco.

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