03 de septiembre de 2017
03.09.2017
La Mirillla

El tiempo de Heredia

La etapa de Heredia no ha logrado terminar con sensación de éxito y de recuperación de los socialistas malagueños, especialmente en la capital y en el gobierno de la provincia

03.09.2017 | 05:00

Con el «paso a un lado» de Miguel Ángel Heredia termina al menos un tiempo del PSOE malagueño, que comenzó en 2008, precisamente en una elección a la secretaría general en la que fui su oponente con el grupo de compañeros y de compañeras de Alternativa Socialista.

Quien llegaba entonces a la dirección provincial del PSOE no podía imaginar que le esperase una etapa en la que todo se volvería en contra del socialismo español y, en general, de toda la izquierda europea. Porque se estaba fraguando la gran crisis del capitalismo que hundió electoralmente al PSOE, y de la que aún sufrimos las consecuencias.

Heredia tuvo enfrente aquella Alternativa, y después revalidó la secretaría general ante una nueva, esta vez con la candidatura de José Aurelio Aguilar. Y no puede decirse que al comienzo de su mandato, acompañado de su fiel amigo Francisco Conejo, no haya intentado integrar al conjunto de la militancia, especialmente con la ayuda de Bernardino León y su Ejecutiva Municipal y al conformar listas municipales abiertas a diferentes sensibilidades internas con la candidatura de María Gámez a la alcaldía de la capital.

La oposición a Heredia y a lo que ha significado su etapa no ha logrado moverse más allá del 30 % de votos congresuales, y los resultados de las primarias últimas han confirmado esta realidad orgánica con una nueva victoria suya que ha rebajado sin embargo el control del voto de la militancia. Heredia, y Conejo, han tenido al partido en sus manos con una estabilidad total.

Pero si esto es real en lo referente a la unidad interna, en lo electoral, salvo en lo que toca a los resultados andaluces y al de algunos ayuntamientos recuperados mediante pactos, la etapa de Heredia no ha logrado terminar con una verdadera sensación de éxito y de recuperación de los socialistas malagueños, especialmente en la capital y en el gobierno de la provincia. Al retirarse, su propio análisis de no haber sabido apreciar el terremoto político que se estaba produciendo en la sociedad española y que la ha fragmentado a derecha e izquierda en nuevas opciones da la clave más negativa de su mandato.

Finalmente, su caída no ha venido por la oposición interna sino por la crisis orgánica del socialismo español. Heredia había llegado a ser el número tres del PSOE, y si no se hubiera producido el intento frustrado de Susana Díaz de aspirar a dirigir el socialismo español, tenía muchas posibilidades de haber acompañado a Pedro Sánchez en una más o menos larga travesía hacia el gobierno de España. Pese a que una de sus características es la de ser un político duro y correoso, estoy seguro de que no debe haberlo pasado bien estando a un solo escaño de distancia física del secretario general mientras se le preparaba la caída por el socialismo andaluz. Todos los socialistas tomamos nota de que Pedro Sánchez lo sabía cuando le negó el saludo ante las cámaras del Congreso.

En más de una ocasión le ha llegado a Heredia en estos años que lo que se echaba en falta en el PSOE –ya que se cumplía su máxima de «trabajo, trabajo y trabajo»- era poner atención a las ideas y a la cultura, que son las que perfilan los programas, los análisis y las estrategias, y que han formado parte fundamental –junto a su naturaleza de clase– de la historia del socialismo español.

En el panorama actual, creo que el trabajo de los dirigentes andaluces del PSOE, muchos de ellos jóvenes con un presente prometedor por delante, debería ser el de aplicarse en buscar el encaje en la nueva mayoría que los militantes le han dado a Pedro Sánchez. Cerrar la herida que el «compañericidio», como lo llamó la periodista Soledad Gallego, ha dejado en el socialismo español y, muy especialmente, en el andaluz. La brecha, que tiene también ya una dimensión «familiar» en el sentido de que ha fragmentado la estructura social que da cohesión interna a los partidos, es muy profunda y será difícil cerrarla sin una fuerte voluntad política. Quizá Heredia, en su nueva navegación, y de quien no puede decirse que carezca de cultura de partido, pueda hacer algo en este sentido y contribuir con el resto de dirigentes a la tarea de que el PSOE de Andalucía, el primer partido del socialismo español, no quede descolgado del nuevo proyecto federal que está en marcha.

*Fernando Arcas es profesor Titular de Historia Contemporánea de la UMA

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