08 de septiembre de 2017
08.09.2017
La quinta columna

El poder de las preguntas

08.09.2017 | 05:00

Todas las preguntas tienen un enorme poder. Y no digamos las que nos hacemos a nosotros mismos. Si nos paramos a pensar durante un momento, nos daremos cuenta de que la mayoría de cosas que hacemos cada día, es hacernos y responder preguntas. «¿Qué he hecho yo para merecer esto?» «Por qué todo lo malo me pasa a mí?» «Este asunto, ¿no será demasiado grande para mí?» «¿Padeceré el mismo cáncer que mi padre?» «¿Para qué voy a intentarlo si de todas formas no saldrá bien?»

Y es que esas preguntas tan negativas, y otras tantas similares, que nos repetimos hasta la saciedad, dirigen nuestro enfoque y, en consecuencia, cómo pensamos y cómo nos sentimos. Si analizáramos la clase de preguntas que nos hacemos con más frecuencia, nos daríamos cuenta de que son aquellas que ponen el foco en el problema, o en la falta de habilidad para una cuestión en concreto. Por eso, ante preguntas tan incapacitantes, las respuestas más frecuentes van a incidir en nuestra falta de capacidad y en la mala suerte, lo que probablemente nos va a mantener fuertemente anclados en el problema.

Por eso, si queremos mejorar la calidad de nuestra vida, tenemos que mejorar la calidad de las preguntas que nos hacemos. Muchas personas se sienten habitualmente deprimidas o desanimadas y es muy posible que sea debido a que se hagan preguntas muy limitantes de manera habitual. Como nuestro cerebro es una potente máquina, que está siempre buscando la forma de responder nuestras preguntas, sin duda buscará la respuesta. Así pues, si la pregunta es «nada me sale bien», puede ofrecernos una respuesta del tipo «porque eres gilipollas y no te lo mereces».

Y no es porque sea la respuesta verdadera, sino porque el pobre cerebro tiene que buscar una respuesta coherente con la pregunta, que ya por su parte lleva implícita una presuposición negativa acerca de uno mismo, puesto que su mecanismo es simple y no entiende de sofisticaciones. Debemos que tener muy presente que si queremos que nos dé respuestas brillantes, indudablemente, tendremos que hacerle preguntas inteligentes y geniales. No podemos olvidar que el cerebro nos va a ofrecer aquello por lo que le preguntemos. Por eso, todos los expertos recomiendan encarecidamente que prestemos un especial y atento cuidado a lo que le vamos a preguntar, porque aquello hacia lo que miramos, allí donde nos enfocamos, será aquello que vamos a encontrar.

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