02 de octubre de 2017
02.10.2017
40 Años
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Impresiones

Junípero y Cristóbal

02.10.2017 | 05:00

Hace unos días unos energúmenos cortaron la cabeza de la estatua del santo mallorquín Junípero Serra en la misión de Carmel donde se halla enterrado, y otros pintaron en Nueva York de color rojo-sangre la mano derecha de Cristóbal Colón. Detrás de estos «actos vandálicos» están grupos indigenistas que juzgan con criterios actuales a algunos personajes del pasado. No a todos. Se equivocan. No se trata de defender comportamientos que hoy estarían fuera de lugar sino de juzgarlos con la mentalidad de la época.

Porque si hubieran vivido en la época de Colón o de Serra les hubiera parecido natural la forma en que actuaban, como a los romanos les parecía normal la esclavitud y a ningún contemporáneo chocaba que Gengis Khan pasara a cuchillo a todos los habitantes de las ciudades que conquistaba. Igual que a ningún azteca le parecía criticable que le arrancaran a un prójimo el corazón cuando aún estaba vivo, para ofrecer el sacrificio al sanguinario Huitzilopotchli. De la misma manera, los españoles que fueron a las Américas continuaron haciendo allí lo mismo que hacían cuando vivían a este lado del océano, donde un grupo de nobles y eclesiásticos mandaban y el resto las pasaba canutas para comer (recuérdense las aventuras del Buscón) mientras les parecía lógico convertir a judíos y moriscos por la fuerza o expulsarlos del país. Y al llegar a América hicieron con los indios lo mismo que habían visto, con la diferencia de que ahora quiénes mandaban eran ellos. Solo algunas voces (padre Las Casas) se alzaron en contra de estos comportamientos y lograron que la corona adoptara una legislación protectora y única en Europa que se adelantó a la época, aunque hubiera fallos en su cumplimiento y no protegiera a los negros€ porque no tenían alma.

En segundo lugar, el que ha pintado de rojo la mano de Colón le acusa de masacrar a los pueblos indígenas y es cierto que la conquista y colonización no salió bien para ellos, como ha dicho Stephen Hawkings que piensa que lo mismo nos ocurriría a los terrícolas si nos visitaran extraterrestres. Pero el exterminio de los pueblos indígenas se debió más a las plagas que a un plan diabólico aunque solo sea porque es mal negocio matar a quiénes trabajan para uno.
Exterminio es lo que han hecho los turcos con los armenios, los nazis con los judíos, o los americanos con los indios de las praderas (masacres de lakotas en Wounded Knee, de cheyennes en Wichita€ hasta hacerlos casi desaparecer). Limpieza étnica es la de los serbios con los bosnios o los birmanos con los rohingya estos mismos días. No confundamos churras con merinas. Si Colón no hubiera llegado el primero a América, otro lo hubiera hecho y el resultado habría sido el mismo que siempre ha sido a lo largo de la Historia cuando una civilización «más avanzada» se encuentra con otra en menor nivel de desarrollo. Lo mismo ocurrió cuando los ingleses llegaron a Australia (¿dónde están los aborígenes?) o los belgas al Congo el siglo pasado, lean a Joseph Conrad, aunque la condena moral merezca ser mayor para quiénes cometieron estos execrables actos en siglos más próximos a nosotros y con imperativos morales más exigentes.

Pero es que los norteamericanos tienen otras razones, aparte de las evangelizadoras, para estar agradecidos a san Junípero que cuando llegó a California se encontró con pueblos de cazadores recolectores que vivían en la Edad de Piedra. Pensó que agruparlos en misiones para cristianizarlos y abrirles así las puertas del cielo, enseñarles las letras y a cultivar la tierra era una noble tarea. Otra cosa es que esa misión encajara como anillo al dedo con los planes imperiales, colonizadores y de expansión territorial de la corona. Si el padre Serra no hubiera colonizado California desde México, los rusos lo habrían hecho desde Alaska pues fueron españoles los que impidieron con las armas que se asentaran en San Francisco. Y ni Rusia hubiera tratado mejor a los nativos ni tampoco habría vendido California con la facilidad con la que vendió Alaska. Más aún, si la frontera entre los EE UU y Canadá está hoy entre Seattle y Vancouver es porque allí, en el fin del mundo, en el estrecho de Juan de Fuca, había un fuerte español, Fort Gaona, en tierras de los indios nakaa, que también vivían en la Edad de Piedra dedicados a la caza de ballenas. Una copia de ese fuerte ha sido hoy levantada por los propios nakaa, orgullosos de su pasado.

Y eso significa, ni más ni menos, que si los Estados Unidos tienen hoy costa del Pacífico es porque el padre Serra colonizó California y la corona construyó un fuerte en los confines septentrionales del imperio para impedir que rusos la amenazaran. Difícil comprender hoy lo dura que debía ser «la mili» entre aquellos fríos. Por eso creo que si los indigenistas que cortan cabezas y pintan manos fueran gentes más cultas, menos pasionales y más objetivas no juzgarían con criterios del presente a gentes del pasado que actuaban con la mentalidad de su época y que como personas eran bastante superiores a la media. Alguien debería explicárselo.

Post scriptum: Hoy he resistido la tentación de hablar de Cataluña. Pero es un día triste. El referéndum de independencia me parece una charlotada pero tampoco se puede continuar ignorando el hecho de que muchos catalanes no están contentos con la situación actual. Es la hora de la política, que exige políticos generosos con altura de miras y con sentido de estado. Claro que si los tuviéramos no habríamos llegado hasta aquí.

*Jorge Dezcállar es diplomático

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