17 de octubre de 2017
17.10.2017
Tierra de nadie

El Antiguo Testamento

17.10.2017 | 05:00

En las habitaciones de los hoteles de Barcelona, en vez de la Biblia, los turistas encuentran ahora una carta en la que se les asegura que la situación no es tan grave como se percibe desde el exterior (servidor debe de pertenecer al exterior). La misiva, me parece, tiene algo de prospecto inverso, pues busca promover el efecto placebo más que el nocebo. Personalmente, no sabía nada del efecto nocebo hasta que el otro día leí un artículo sobre el tema en El País. Resulta que yo lo había sufrido en mis carnes hace años con un fármaco contra el colesterol del que se me ocurrió leer las instrucciones de uso. Estuve a punto de ahogarme debido a una paralización de los músculos de la faringe. Fui a Urgencias, donde me administraron un calmante y me cambiaron la medicación bajo la advertencia de que no leyera el papel.

Es lo que hice, no leerlo. Gracias a eso continúo medicándome sin problemas y tengo el colesterol controlado. Los prospectos, a poco influenciable que sea uno, deben ignorarse porque anuncian todos los males del infierno. De entrada, casi sin excepción, advierten de que el remedio puede producir el mismo mal que pretende evitar. Los que son buenos para colitis producen diarrea; los indicados para los espasmos provocan temblores; y los que quitan las migrañas estimulan las cefaleas. Esto es solo el principio. A partir de ahí, la descripción de los efectos secundarios alcanza tal grado de crueldad que no es raro que aparezca el efecto nocebo, del que, ya digo, no teníamos noticia hasta la fecha.

Por eso señalábamos que la carta de los hoteleros a los turistas parece un prospecto inverso, ya que niega lo que puede ocurrirle al visitante ingenuo y sentimental. Estimula, en fin, el efecto placebo, del que somos más partidarios, en general, que del contrario. De hecho, la palabra nocebo ha llegado a las páginas de la prensa, pero no a las del diccionario. Ahora bien, alguien debería haber calculado las sospechas que la citada carta, pese a su buena voluntad, podría despertar en el turista. Si yo me la encontrara en un hotel de Nueva York o de París, me diría; mal asunto, aquí ocurre algo de lo que no me habían advertido en la agencia de viajes. Mejor no distribuirla. Resulta más tranquilizadora la lectura de la Biblia, pese al Antiguo Testamento.

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