29 de octubre de 2017
29.10.2017
Con otra cara

Yo también

29.10.2017 | 05:00

Uno de mis profesores en el instituto tenía la costumbre de darnos palmaditas en el culo a las chicas mientras nos instaba a darnos prisa para no llegar tarde a clase si coincidíamos con él subiendo las escaleras. Aunque no nos hacía ni puñetera gracia el gesto, a nuestros 16 años ninguna, que yo sepa, dijo nada y, al menos yo, lo que hacía era evitar subir delante de él. Luego, con los años, he identificado aquello como acoso sexual, aunque entonces asumíamos estos gestos como algo tan inevitable como que te dijeran alguna burrada por la calle cuando te ponías una falda corta.

Comentando con varias amigas la campaña en redes sociales que miles de mujeres de todo el mundo están llevando a cabo contra el acoso sexual, coincidíamos en que todas lo habíamos sufrido en algún momento pero ninguna lo habíamos contado y, mucho menos, denunciado. En ocasiones, ni siquiera lo habíamos identificado como acoso sino como intentos de ligar normales aunque vinieran de un profesor o de un superior en el trabajo. ¿Dónde está la línea que separa el flirteo del acoso?

Siendo estudiante, pero ya en la universidad, un profesor quince años mayor que yo se metió en mi habitación del hotel durante un congreso y me propuso tener relaciones sexuales. Me negué como pude y él me pidió que no dijera nada y se marchó. Pese a lo violento del episodio y a que me amargó el viaje, no dije nada a nadie por vergüenza y en ningún momento se me pasó por la cabeza denunciarlo porque ni me tocó ni me chantajeó. Al fin y al cabo, que un hombre intente acostarse con una joven es lo más normal del mundo. ¿O no? A raíz del escándalo sexual del productor de cine Harvey Weinstein contra el que ahora han testificado más de 40 mujeres, muchas de ellas actrices famosas, la actriz Alyssa Milano ha impulsado una campaña en las redes sociales animando a las mujeres a contar si han sido víctimas alguna vez de abuso o de acoso sexual usando el #MeToo, ,#YoTambien en castellano, y miles de mujeres han hecho públicos esos casos de los que no habían hablado hasta ahora. Se ha evidenciado así la magnitud de un problema que ha llegado al Parlamento Europeo donde esta campaña ha hecho aflorar decenas de casos de acoso en la propia Eurocámara muchos de ellos de eurodiputados hacia sus asistentes. ¿Por qué hasta ahora habían callado? ¿Por qué las víctimas de Weinstein, pese a que muchas de ellas son actrices poderosas y famosas, no habían denunciado al productor antes? ¿Por qué no dicen -decimos-, nada? Miedo, vergüenza, dudas sobre lo que está ocurriendo... Ojalá está campaña acabe con los abusos o, al menos, con los silencios.

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