02 de noviembre de 2017
02.11.2017
La quinta columna

Concurrir o no concurrir, ése es el 155

Lo de Podemos es un guirigay. Su órbita está próxima a desintegrarse por efecto del meteorito "indepe"

02.11.2017 | 05:00

La participación en las elecciones del 21-D medirá el grado de acatamiento a las medidas del 155. Concurriendo a las urnas será difícil explicar que se ignora la intervención del Gobierno. Dicho y hecho: ERC anunció ayer que encontrará «la forma» de participar en los comicios sin dejar de ser fiel a la república catalana declarada el pasado viernes. Es decir, que para ellos las elecciones serán «constituyentes». Empiezan a materializarse las decisiones «no siempre fáciles de entender» que Junqueras avanzó el domingo. Tampoco la CUP descarta presentarse; mejor para Junqueras, porque sin el concurso de los «cuperos», será casi imposible que el bloque soberanista pueda reeditar una mayoría absoluta en el Parlament. El PDeCAT también acepta que Rajoy ponga las urnas, pero no tiene cabeza de cartel. Puigdemont (ahora mismo en Bruselas) ha dicho que no quiere repetir, pero eso facilita más que obstaculiza las cosas, porque abre la puerta a la designación de un candidato procedente del sector del partido que, hasta el jueves, empujó para que el libertador convocara comicios. El aspirante puede ser Santi Vila, el único consejero que dimitió tras la declaración de independencia y que, al no ser diputado, no es sospechoso de haber votado a favor de la república. Problema: como miembro del Govern, está entre los querellados por rebelión y sedición. Lo de Podemos es un guirigay. Su órbita está próxima a desintegrarse por efecto del meteorito «indepe». O mejor: por saludar la pedrada del 1-O como una «movilización» y después ir corriendo a esconderse cuando estalló la DUI diferida pero DUI al fin de un Puigdemont reculante. Se sabe que al 21-D concurrirán «los comunes», es decir, Catalunya en Comú (CatComú), la pasarela que Ada Colau quiere tenderse para cruzar desde el Ayuntamiento de Barcelona al Palau de la Generalitat (unos metros). De momento, el aspirante será Xavier Domènech. Pero Podem, la marca catalana propiamente dicha de Podemos, con Albano Dante Fachin al frente, peleado seriamente con Pablo Iglesias, está esperando una tentadora oferta de la ERC de Junqueras para armar un nuevo bloque soberanista. Justo la oferta que ya ha despreciado CatComú. Junqueras mira para Fachin porque Podem, además de pedir la «movilización» el 1-O, indujo al voto a sus adeptos. Cosa que CatComú, sobre el papel, no hizo, aunque hipócritamente la alentara. Pero, sobre todo, porque el sector de Podemos que manda en Podem, la corriente Anticapitalistas, ha reconocido la república catalana. Fracasa, pues, la cena de Roures, que en agosto sentó a su mesa a Junqueras, Iglesias y Domènech para que se entendieran. Junqueras se entiende con Fachin, pero no con Domènech (o sea, con Colau), que es lo que Iglesias busca. Y como Fachin está en franca rebeldía (porque todo se pega), el líder disolvente de Podemos ha impuesto a su organización catalana una consulta interna para que los inscritos decidan cómo desean presentarse a las urnas del 21-D. (Para que decidan lo que él quiere: CatComú, no Podem.) De tal manera que el 155 de Rajoy, además del decreto para facilitar la salida de empresas y la intervención de las cuentas de la Generalitat, consiste en poner un mínimo de orden en unas instituciones soliviantadas: una operación de menos de dos meses con meta en las elecciones que Puigdemont estuvo a punto de convocar pero le dio miedo. Nadie podrá decir que es una medida autoritaria ni represora. Y si los independentistas no quieren dejar a sus votantes huérfanos de representación, deben ir preparando sus candidaturas. No será fácil de entender, pero es sensato.

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